Senado de la República.
Sesión Plenaria.
Martes 25 de abril de 2017
    
    

Última actualización: Abril 2017
Última revisión: Abril 2017

Sesión Plenaria - Versión Estenográfica

SESIÓN SOLEMNE DE LA H. CÁMARA DE SENADORES
CELEBRADA EL MARTES 18 DE OCTUBRE DE 2016

PRESIDENCIA DE LA SENADORA
ITZEL SARAHÍ RÍOS DE LA MORA

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: (12:19 horas) Con fundamento en el acuerdo aprobado por el pleno del Senado, para asignar la conducción de la  Sesión Solemne de este día y con el quórum de la sesión ordinaria, declaro la apertura de la Sesión Solemne de la Cámara de Senadores y Senadoras, convocada para conmemorar el Sexagésimo Tercer Aniversario del Derecho del Voto a la Mujer en México, en cumplimiento del acuerdo aprobado el pasado día 11.

Solicito a la Secretaría dé lectura a las comisiones de cortesía que han sido designadas para recibir y acompañar a las distinguidas personalidades que nos acompañan en esta Sesión Solemne.

La Secretaria Senadora Ana Gabriela Guevara Espinosa: Doy lectura a las comisiones protocolarias de esta Sesión Solemne.

Para recibir a la licenciada Lorena Cruz Sánchez, Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, quien asiste en representación del Ejecutivo Federal, Senadora Diva Hadamira Gastélum Bajo y Senadora Martha Elena García  Gómez.

Para recibir a la Ministra Norma Lucía Piña Hernández, quien asiste en representación de la Suprema  Corte de Justicia de la Nación, Senador Enrique Burgos García, Senadora Gabriela Cuevas Barron y Senador Jesús Priego Calva.

Para recibir a la Diputada Gloria Imelda Félix Niebla, Vicepresidenta de la Mesa Directiva, quien asiste en representación del Presidente de la Cámara de los Diputados, Senadora Lucero  Saldaña Pérez y Senador José de Jesús Santana García.

Para recibir al licenciado Luis Raúl González Pérez, Presidente de la  Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Senadora Margarita Flores Sánchez, Senadora Adriana Dávila Fernández y Senadora Angélica de la Peña  Gómez.

Para recibir al doctor Lorenzo Córdova Vianello, a la maestra Diana Favela y a la licenciada Beatriz Galindo Centeno, Presidente y  Consejeras del Instituto Nacional Electoral, Senadora Cristina Díaz Salazar y Senadora Luisa María Calderón Hinojosa.

 Es cuanto, Presidenta.

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Solicito a las comisiones designadas acudan a las puertas de este recinto a fin de cumplir con el cometido.

(Las comisiones cumplen)

Se reanuda la Sesión Solemne.

Damos la bienvenida a la licenciada Lorena Cruz Sánchez, Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, quien asiste en representación del Ejecutivo Federal.

(Aplausos)

A la Ministra Norma Lucía Piña Hernández, quien asiste en la representación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
(Aplausos)

A la Diputada Gloria Imelda Félix Niebla, Vicepresidenta de la Mesa Directiva, quien asiste en representación del Presidente de la Cámara de Diputados.

(Aplausos)

Al licenciado Luis Raúl González Pérez, Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

(Aplausos)

Al doctor Lorenzo Córdova, Presidente del Instituto Nacional Electoral. Bienvenido.

(Aplausos)

A la maestra Adriana Favela Herrera, Consejera del Instituto Nacional Electoral.

(Aplausos)

A la licenciada Beatriz Galindo Centeno, Consejera del Instituto Nacional Electoral.

(Aplausos)

Agradezco la presencia de las y los invitados que nos acompañan, sean todos ustedes bienvenidos.

(Aplausos)

Esta sesión solemne se convoca para conmemorar el Sexagésimo Tercer Aniversario del Derecho del Voto  de la Mujer en México.

El Senado de la República aprobó un acuerdo que servirá para normar el desarrollo de esta sesión.

En cumplimiento al punto segundo de dicho acuerdo, habrá una ronda de intervenciones de los grupos parlamentarios, hasta por cinco minutos.

Informo a la Asamblea, que de manera excepcional, la Mesa Directiva acordó que antes de iniciar la ronda de grupos parlamentarios se diera la participación de la Senadora Martha Tagle Martínez, como justa oportunidad para referirse a la importante conmemoración del Aniversario del Voto de la Mujer en México.

En consecuencia, tiene el uso de la tribuna la Senadora Martha Tagle Martínez, hasta por cinco minutos.

Adelante, Senadora.

La Senadora Martha Tagle Martínez: Gracias, Presidenta.

¿Qué bien se escucha, no? decir gracias, Presidenta.

Ojalá hubiera más oportunidades de decirlo en el Senado.

Bienvenidos a todos nuestros invitados e invitadas especiales a esta Sesión Solemne.

Hace apenas 63 años las mujeres fuimos consideradas ciudadanas.

La reforma que se promulgó el 17 de octubre de 1953, tuvo como efecto considerarnos ciudadanas, algo que debiera ser común, algo que debiera ser lo normal, y derivado de ello, los derechos de ser ciudadano como el votar y ser electas.

Sin embargo esto se dice fácil.

Para poder llegar a la promulgación de esta fecha, se requirieron muchas batallas para que a las mujeres se les reconociera este derecho básico, fundamental, y aun así, después de haberlo conseguido, el que  esto sea una realidad, ha requerido muchas batallas y todavía, hoy en día, requiere vencer  muchas resistencias.

Con la reforma que se promulgó en 1953, no reconocieron a las mujeres la mayoría de edad para votar, al grado de tener hoy en día  la posibilidad de definir los resultados de la votación por el porcentaje mayoritario que tenemos en el padrón electoral y por ser quienes más participamos en las elecciones.

Pero el derecho a ser votadas para todo cargo de elección popular, como lo establece el artículo 35 constitucional es un derecho, que a pesar de los notables avances que se han tenido, primero por las cuotas de género y ahora con la paridad, no todas las mujeres pueden ejercer a plenitud.

A pesar de que a nivel municipal llegó desde 1947 el reconocimiento  del derecho de las mujeres al voto, es precisamente ahí, donde las mujeres presiden apenas el 13.8% de los ayuntamientos, y hay comunidades en las que aún no se deja participar a las mujeres.

Y a nivel estatal sólo hemos tenido siete gobernadoras de alrededor de 330 gobernadores que han sido electos durante estos años.

Mientras que en el Legislativo a nivel federal se tienen hoy en día 42% de Diputadas y 37% de Senadoras; y hay siete congresos locales que han alcanzado una integración paritaria, es decir, es mayor la brecha de acceso de las mujeres en espacios ejecutivos de toma de decisiones que en los espacios legislativos, que son órganos colegiados donde las decisiones no recaen fundamentalmente en las mujeres.

Y aun así, si nos referimos a la conquista y efectividad de los derechos políticos, entre ellos la de ocupar cargos de responsabilidad pública, tendremos que referirnos a los obstáculos que dificultan la participación de las mujeres en las estructuras de poder y de toma de decisiones. El más importante de ellos ahora es la violencia política hacia las mujeres, que busca limitar el ejercicio de nuestros derechos.

Sin embargo, en esta ocasión quiero abordar otra dimensión de la ciudadanía, de esa que se nos reconoció hace 63 años. A pesar de que el concepto de ciudadanía ha ido ampliando los derechos vinculados al concepto en sí, de manera que si en un principio sólo se beneficiaba a una pequeña élite en el modelo griego-romano, más recientemente ha alcanzado una igualación consideración hacia la universalización de este derecho.

El punto de reflexión hacia la paridad, en el ámbito de la política, ha sido la revisión del concepto de ciudadanía bajo la consideración de que la sociedad se compone por igual, de mujeres y hombres, y, en consecuencia, ambos debemos estar representados en porcentajes iguales. No se trata únicamente de cubrir una cuota mayor de cargos políticos a favor de las mujeres.

Como dice la política y filósofa española Carmen Alborch: “Cuando hablamos de ciudadanía no se trata sólo de una nueva mirada sobre el espacio de convivencia donde se organizan nuestras vidas, sino del espacio donde se ejercitan nuestros derechos y libertades, donde el uso y el reparto del tiempo y del espacio son determinantes para nuestra calidad de vida, porque para alcanzar la plena ciudadanía es preciso propiciar el cambio de las condiciones de vida de las mujeres, las necesarias transformaciones culturales, los cambios de mentalidad, el cambio de los procesos de socialización, se precisan reformas legales e impulsos políticos para lograrlo, para eso queremos la paridad en el poder público”.

Citando de nuevo a Carmen Alborch: “Hablar de ciudadanía desde el feminismo, implica seguir debatiendo, reflexionando, realizando propuesta sobre el mundo que queremos, porque todo nos incumbe, desde los valores, la utilización de la riqueza y la energía, hasta cómo organizar nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestros espacios”.

Ese es el tipo de ciudadanas que queremos ser, y aún hay mucho camino por recorrer.

Muchas gracias.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Respetando el acuerdo anteriormente referido, tiene ahora el uso de la tribuna la Senadora Ana Gabriela Guevara, del grupo parlamentario del Partido del Trabajo.

La Senadora Ana Gabriela Guevara Espinoza: Gracias, señora Presidenta.

Saludo con afecto a nuestros invitados especiales, a nuestras invitadas a este Senado de la República, a este evento solemne que, sin duda, es un momento de gran trascendencia para nosotras y para muchas mujeres en nuestro país.

Y yo empezaré mi discurso con una pregunta: ¿Cómo le podemos arrancar los discursos sobre el voto femenino a una retórica oficial?, ¿cómo transformamos una tribuna parlamentaria, que se dirige a representantes populares, en una tribuna hacia las mujeres y hombres que están viviendo la experiencia diaria de una vida injusta, no solamente nuestro país, sino en el mundo?

¿Cómo entonces les decimos que es en los parlamentos donde se crea y se decide, se solidifica la desigualdad social? Factor que verdaderamente disuelve el concepto de familia y lo transforma en un núcleo humano en donde no importa el sexo todos al final somos iguales, no importa la edad ni la posición parental, sino la solidaridad y la supervivencia, lo que adhiere a las nuevas familias, muchas en franca responsabilidad de una o de varias mujeres.

Esa desigualdad que es una bomba expansiva que propicia migraciones, fomenta discriminación contra las mujeres, la trata, los salarios, el umbral de pobreza, las muertes tempranas, los embarazos en adolescentes, los estados de salud permanentemente endebles.

La conmemoración del voto de la mujer debería de ser un detonante de irritación social, una incitación a las formas de actividad que trastornen esta paz indigna, paz de pocos, paz de temor continuo, y sobre todo para las mujeres que ahora están en la mira de la delincuencia organizada para secuestros, para tráfico de drogas, órganos y trata.

Recordemos por ello que el sentido de la luchas por el voto femenino fue más allá de la materialidad de urna y de un conteo electoral, fue por el reconocimiento de su humanidad pensante. Esa fue la fuerza del voto femenino sensible e inteligente.

Lo que estuvo y ahora persiste en el fondo de esta lucha, una lucha que no termina. Es la ruptura mental del patriarcado que se resiste a una hora en reconocer la igualdad entre mujeres y hombres.

Es lo que muchas veces no acaba de entenderse, bueno, ni siquiera empieza a entenderse.

La inacabable lucha de la legitimidad contra la legalidad, entender el voto femenino es una lucha de legitimidad y no de concesión de poder político.

Es imposible para las mentalidades patriarcales que, por cierto, tampoco tienen sexo.

Por eso la mentalidad patriarcal es alérgica a los recursos mínimos de la legitimidad; una legitimad acallada, silenciada, y muchas veces omitida.

Las movilizaciones, los activismos, las huelgas y las acciones radicales. Todo le sabe a trastorno de paz social e inestabilidad al  nerviosismo de inversionistas o al daño de imagen.

Pero así fue como se logró el voto femenino. Un proceso que sumó todos esos recursos en el anhelo legítimo del voto femenino, incluida la persuasión violenta de los regímenes.

Finalmente, cuando ya no se pudo resistir más, la mecánica patriarcal se declaró vencida, aunque con discursos políticos, incluso, éticos que concedían el permiso para el voto con sello de mujer.

Y, por cierto, ¿Cómo están las mujeres ahora?

¿Cómo estamos las mujeres ahora?

Pues tenemos a mujeres perseguidas, asesinadas, otras por defender al medio ambiente, mujeres deambulando por todo el país buscando hijos; mujeres en peligro por ser periodistas; mujeres en peregrinaciones tortuosas en busca de trabajo; mujeres y niñas expuestas por la migración, o lo peor, de la delincuencia organizada; mujeres en sistema de trata; mujeres en trabajos humillantes; mal pagados, acosadas, discriminadas día a día, incluso, por propias mujeres.

Estamos ante una secuencia deshumanizada que exige una participación femenina mucho más consciente que nos ubica en las zonas críticas y en zonas que, en ese lugar que ahora donde brotan los lenguajes, las acciones y los impulsos de las legitimidades.

Aquí donde traducimos esa energía y esa exigencia, hacemos leyes, sí, pero qué tal es la situación del país que esas leyes en ocasiones son infructuosas.

Logramos llevarlas a nuestros pares, a nuestras compañeras legisladoras en los estados, pero que no logramos llevarla a las comunidades donde verdaderamente se ocupa de esa participación y de esos derechos plenos.

No pueden someter los procesos negativos que están ahí, fuera y rigiendo la vida de millones de mujeres actual y las que vienen hoy como adolescentes y  niñas que tropezarán con esa misma piedra.

Tenemos que reconocer que las energías violentas están ganando las batallas y que, en ese recuento de víctimas, son muchas más las mujeres. Están cercadas por un abierto permiso a ser atacadas.

En uno de esos juegos que plantean en las redes sociales, alguien propuso contar un cuento de terror en cuatro palabras, si una mujer le dio al centro del terror real y su relato fue: “Ser mujer en México”.

Creo que nos queda mucho reflexionar y este paso que hemos logrado, le quedan muchos pasos por andar también.

Felicito a mis compañeras Senadoras y a nuestras compañeras Diputadas y a todas las mujeres, tanto de la Suprema Corte a nuestras compañeras del Instituto Nacional Electoral, y a tantas mujeres que han hecho posible que esto crezca y fructifique, pero creo que podemos pensar en muchas mejores condiciones para las mujeres en el futuro de nuestro país.

Es cuanto, Presidenta.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Gracias, Senadora.

Se concede ahora el uso de la palabra a la Senadora Ninfa Salinas Sada, perteneciente al grupo parlamentario del Partido Verde Ecologista de México.

Adelante Senadora.

La Senadora Ninfa Salinas Sada: Con su venia señora Presidente.

Compañeras y compañeros:

Sin duda en la actualidad ver a una mujer votando es una acción común. Todos entendemos que el voto de la mujer representa un derecho, pero sobre todo una obligación.

Sin embargo, el voto femenino fue un logro de diversos movimientos sociales a favor de la equidad de género.

Cuando se propuso que las mujeres podían ejercer este derecho, una parte de la sociedad se conmocionó por considerar que esta idea era transgresora, peligrosa, una locura para los roles de género que se tenían establecidos en aquella época. Este cambio no fue fácil, pero hace 63 años se logró.

Fue en el año de 1953 cuando el derecho a ejercer el voto por parte de las mujeres mexicanas se hizo posible, y esta fecha dio inicio a una nueva etapa en México, puesto que la participación activa de las mujeres en la vida democrática del país demuestra que somos una nación que sin duda sabe modernizarse.

Debemos recordar el 17 de octubre de 1953 como un día histórico en el país. Esta fecha marca un antes y un después en la vida democrática de México, y abre el camino de la inclusión a las mujeres en una actividad tan fundamental como lo es el voto.

En las elecciones del 3 de julio de 1955 se elegiría a los Diputados de la XLIII Legislatura del Congreso de la Unión, en donde las mujeres acudimos, por primera vez, a emitir nuestro voto.

Si bien, ese año se permitió el voto de la mujer, debemos reconocer que existió un  período de transición que no fue fácil para lograr que todas las mujeres ejerciéramos nuestro derecho, pero el día de  hoy sí es reconocido, y además es reconocido como una obligación ciudadana.

Actualmente en la lista nominal contamos con un registro de 82.8 millones de votantes, de los cuales 43.1 son mujeres, es decir, existimos cuatro millones más de mujeres que podemos participar en este ejercicio democrático.

La participación en la vida democrática ha ido en aumento. En el 2006 las mujeres representábamos el 51% de la lista nominal, y hoy en día contamos con el 52% de la participación en esta misma lista.

El inicio también de la mujer en la participación de la vida democrática es un eslabón base para la conformación de los derechos de las mujeres. Con él el cambio de  una mentalidad obsoleta, y que no funciona para nada.

El voto femenino fue el arranque de la inclusión y con él, provinieron nuevos cambios en  beneficio de las mujeres, como por ejemplo, la posibilidad de que las mujeres fuésemos electas a más cargos públicos.

Asimismo, ya tenemos representatividad equitativa con el 50% de las mujeres en las candidaturas al Congreso de la Unión.

Actualmente en el Senado de la República somos el 36% de cifra de mujeres, muy superior al 22% que teníamos las Senadoras en la LXI Legislatura.

En el Partido Verde estamos convencidos que la participación activa de la mujer es un pilar fundamental de nuestro desarrollo, de  nuestra sociedad, y por eso celebramos y apoyamos la lucha de los derechos  de las mujeres.

Me encantaría resaltar que las mujeres no sólo somos base fundamental de la vida democrática, sino que de la vida familiar y, por supuesto, de la vida de acción social de nuestro país.

Es importante que como ciudadanos participemos en todos los ámbitos, no solamente en el ámbito democrático, sino que la voz de las mujeres sea una voz constante de equilibrio, de buen juicio y, sobre todo, de  mucha templanza para toda las acciones que conllevan el diálogo de la  nación que quisiéramos tener.

A nombre de las Senadoras y de los Senadores del grupo parlamentario del Partido Verde Ecologista de México queremos recordar a estas mujeres que tuvieron que nadar contra corriente para que el día de hoy todas las mexicanas pudiéramos hacer nuestra voz escuchar a través del voto.

Y reconocemos también a las mujeres, que somos el pilar fundamental en cualquier ámbito profesional en el que nos estemos desarrollando.

Es cuanto señora Presidenta.

Por su atención, muchas gracias.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Gracias, Senadora Ninfa.

A continuación tiene el uso de la palabra, el uso de la tribuna, por supuesto, la Senadora Angélica de la Peña Gómez, perteneciente al Partido de la Revolución Democrática.

La Senadora Angélica de la Peña Gómez: Con su venia Presidenta.

Apreciables invitadas e invitados a esta Sesión Solemne.

“Sin claridad no hay voz de sabiduría”.

“Hasta el saber cansa, cuando es saber por oficio”.

“Hay muchos que estudian para ignorar”.

“Para todo se haya prueba y razón en qué fundarlo; y no hay razón para nada, de haber razón para tanto”.

“Todos aquellos que se eligen por algún medio para algún fin, se tienen por de menor aprecios que el fin a que se dirigen”.

Así como ninguno quiere ser menos que otro, así ninguno confiesa, porque es consecuencia del ser más”.

Son Juana Inés de la Cruz.

Senadoras, Senadores; Diputada; Invitadas, invitados:

A nadie sorprende que hoy las mujeres votemos y seamos votadas, pero no siempre fue así, tuvieron que pasar más de cien años para que en todo el mundo se reconocieron los derechos políticos de las mujeres.

Los primeros debates sobre el sufragio femenino en América Latina fueron en Costa Rica y Brasil en 1890 y 1891.

Estados Unidos, en 1920, fue el primer país que otorga el sufragio femenino a sus ciudadanas.

Y Ecuador en América Latina en 1929.

En México la Constitución del 17 no otorgó el voto a las mujeres, a pesar de que las mujeres tuvieron un papel importante en la Revolución.

El 23 de enero del 17 el artículo 34 constitucional se redactó en masculino, las mujeres fueron omitidas, es decir, no fueron tomadas en cuenta en la redacción.

Tres días antes, el día 26, en la sesión del Congreso Constituyente, Félix Palavicini advertía del peligro que implicaba esta omisión, cito textual:

“El dictamen dice que tienen voto todos los ciudadanos, está en nombre genérico, esta misma redacción tenía la adición que existe en la Constitución del 57, y que se conserva hoy, y yo deseo que aclare la comisión en qué condiciones quedan las mujeres; y si no estamos en peligro de que se organicen para votar y ser votadas”.

¡Oh! Reflexión.

Fue hasta el año del 57 que se reconoce el derecho al voto de las mujeres en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Nuestro país fue el último, uno de los últimos países en el continente americano, en reconocer el voto a las mujeres, 60 años después de que se iniciara el debate.

Nuestra última reforma constitucional en materia político-electoral fue en 2014, aquí como Cámara de origen el Senado de la República elevó a rango constitucional la garantía de la paridad entre mujeres y hombres en las candidaturas a la Cámara de Diputados, Senado y congresos locales, incluyendo la Asamblea Legislativas, entonces, del Distrito Federal.

Conviene recordar lo que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe consideró respecto a la paridad, dice:

“La paridad no es una cuota mayor a favor de las mujeres; sino la expresión más amplia de la universalidad, esta implica el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas plenas y una nueva práctica de ciudadanía orientada a fortalecer las democracias modernas, la paridad, por el contrario, a diferencia de la cuota, es una medida definitiva que reformula la concepción del poder político redefiniéndolo como un espacio que debe ser compartido igualitariamente entre hombres y mujeres”.

Termino la cita.

A pesar de lo anterior, no se debe perder de vista que para alcanzar la paridad de género se requiere ciertamente modificar el contexto social y cultural de nuestra nación.

En primer lugar, debemos generar mecanismos que fomenten una mayor corresponsabilidad de los hombres en el cuidado de la familia.

Y en segundo lugar, tenemos que propiciar e incentivar la participación de las mujeres en la política y la función pública.

Y, finalmente, debemos garantizar contiendas y ambientes electorales igualitarios y libres de todo tipo de violencia en contra de las mujeres por razones de género.

En nuestro país, muy lamentablemente, las mujeres cuando deciden participar en la contienda político-electoral suelen ser percibidas como una amenaza a la hegemonía masculina y frecuentemente se apela al ejercicio de la violencia como estrategia para expulsarlas del espacio público.

Hoy en día la incursión de las mujeres en el juego político-electoral ha tenido como correlato el ejercicio de este tipo de prácticas en el espacio político.

Hoy en esta conmemoración tenemos que decirlo, lo que visibiliza, por lo tanto, uno de los obstáculos culturales más  preocupantes que condicionan su participación política, la participación política de las mujeres, el acoso y la violencia política en razón de género, obstruyen cotidianamente la participación política de las mujeres a través de prácticas tales como la obligación de renunciar a su banca, una vez que han sido electas; la existencia de obstáculos al normal ejercicio de sus tareas que expresen la prohibición a expresarse; la difamación; el acoso a través de los medios; insultos, calumnias, violencia sexual; agresión física; dominación económica en el plano doméstico y político y por supuesto la persecución también de sus parientes seguidores, entre otros.

Observamos, además, que en las sociedades étnicas la complejidad es aún mayor, al considerar las dificultades para conciliar los usos y costumbres de los pueblos originarios y los derechos otorgados por la democracia, esta democracia que nos hemos dado, a las mujeres indígenas.

Hoy, en el Sexagésimo Tercer Aniversario de la Conmemoración del Voto de las Mujeres, estamos obligadas y obligados a impulsar desde todos los frentes, acciones para erradicar la violencia política contra las mujeres y pasar de la paridad normativa, a la paridad sustantiva.

“Nos damos cuenta de la importancia de nuestras voces sólo cuando nos obligan a guardar silencio”. Cito a Malala.

Muchas gracias por su atención.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Gracias, Senadora De la Peña.

La Senadora Marcela Torres Peimbert hará uso de la voz y de la tribuna, representando a su grupo parlamentario, el Partido Acción Nacional.

Adelante Senadora.

La Senadora Marcela Torres Peimbert: Muchas gracias Presidenta. 

Qué linda se ve nuestra Mesa así, con puras mujeres.

Las mujeres constituimos la mitad de la sociedad del mundo entero, 52% en el caso de la sociedad mexicana; la mitad de las inteligencias del mundo; la mitad de las voluntades.

Por eso, queremos que nuestros países sean justos, nuestros países y nuestras sociedades deben ser paritarias para realmente ser justos con las sociedades del mundo, mitad y mitad, no más, tampoco menos.

Ayer celebramos un día muy especial y el día de hoy aquí en el Senado, porque después de una larga y difícil lucha que aún no ha terminado. Hace 63 años por fin se nos reconocieron los derechos políticos, pudimos votar y ser votadas.

Hace apenas unas décadas, tras la Revolución Mexicana, se consideraba que la mujer debía concentrar su atención únicamente en la familia, que como popularmente se decía, el lugar de las mujeres está en su casa, y por tanto, no debíamos participar en asuntos políticos.

El pensamiento que permeaba entonces en nuestra sociedad, confirió a muchas mujeres al arraigo exclusivo de sus hogares, donde el talento, la visión, el compromiso, los valores de muchas mexicanas valiosas, se perdió con el tiempo, colocándonos en una situación de desventaja frente a los varones.

Quién sabe cuántas Rosarios Marín, Josefinas  Vázquez Mota, Ángeles Mastretta, Alondra de la Parra, Blancas Magrassis, y tantas otras mujeres mexicanas exitosas se han perdido en este camino, por no tener la oportunidad de demostrar que las mujeres tenemos mucho que dar a las sociedades del mundo.

Al momento de redactar el artículo 34 de la Constitución del 17, que se refería precisamente al ejercicio de la ciudadanía, los Constituyentes nos negaron la calidad de ciudadanas, y por tanto el derecho a ejercer nuestros derechos ¿por qué? Porque lo redactaron con “O”, lo redactaron en masculino, traicionando con esto uno de los principales puntos del Plan de Guadalupe, que establecía que se debían asegurar a todos los habitantes del país la efectividad y el pleno goce de sus derechos y la igualdad ante la ley.

A pesar de esto, una mujer, Hermila Galindo Acosta se postuló como candidata a diputada en 1918, argumentando que la disposición constitucional, aunque estuviera o no, debiera interpretarse en forma genérica.

Pero a pesar de que ganó la elección. ¿Qué creen? El colegio electoral no le reconoció el triunfo. No sé si les suena a algo. Aquí a las que tengo atrás.

Tuvieron que pasar cinco años para que en un estado, el de Yucatán, se nos reconociera el derecho a participar en las elecciones.

Por tal motivo, en 1923 resultaron electas tres Diputadas, que tuvieron que dejar sus cargos tras el asesinato del gobernador Felipe Carrillo Puerto.

Un año después se otorgó también el voto a la mujer en San Luis Potosí. Pero al poco tiempo también se dio marcha atrás.

No fue hasta 1937, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas presentó una iniciativa reconociendo la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero ¿Qué creen? Sin embargo, a pesar de que se aprobó, tanto en el Congreso Federal como en los congresos locales, por tratarse de una reforma constitucional, tampoco funcionó y se mandó a la congeladora legislativa y no se promulgó nunca, evidenciándose así las tremendas resistencias que hemos tenido que vencer para poder compartir algo tan ansiado, el poder, el poder de decidir, el poder de influir, el poder construir juntos una mejor sociedad.

Hasta antes de 1953, la batalla era diferente. Las mujeres buscábamos el reconocimiento de nuestro derecho a votar y ser votadas. Hoy, 63 años después, esta lucha no ha terminado, sólo se ha modificado.

Las mujeres seguimos buscando incidir más, incidir de mejor manera en las leyes, en las políticas públicas, en la impartición de justicia, y en general, en las decisiones que se toman y que realmente influyen en nuestra sociedad.

Debemos tener claro que la pugna por la igualdad de género no terminará hasta que no logremos establecer algo muy sencillo: el piso parejo para poder competir en igualdad de condiciones, en todos los espacios donde se toman decisiones.

Entre discursos, cifras y avance en el tema de la paridad, a veces olvidamos echar un ojito a nuestra realidad.

Hablemos de nuestras instituciones, señoras:

Suprema Corte de Justicia de la Nación; 11 integrantes; dos mujeres:

Ministra Norma Piña Hernández y Ministra Margarita Luna Ramos.

Nueve hombres. Necesitamos por lo menos dos mujeres más para hablar de paridad en la Corte.

Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; siete integrantes, una sola mujer: María del Carmen Alanís Figueroa.

Necesitamos, por lo menos, dos mujeres más para hablar de paridad en ese tribunal.

Ejecutivo Federal, actualmente, 17 Secretarios de Estado, 17 Secretarios de Estado, dos mujeres: Claudia Ruiz Massieu y Rosario Robles.

Quince hombres, faltan por lo menos cinco mujeres más en el gabinete actual presidencial para poder hablar de paridad.

Esta Cámara, Cámara de Senadores, 128 legisladores, 46 mujeres, 82 hombres, nos faltan por lo menos 18 legisladoras para poder hablar de paridad en este Senado.

Las cifras no mienten, buscan igualdad, y sin acciones afirmativas, que son necesarias y temporales, es como hablar de democracia sin sufragio, es imposible.

En la víspera del Siglo XXI, tras 63 años del voto de la mujer, todavía no nos salen las cuentas.

En el Congreso apenas hemos avanzado, esto, gracias a la recién aprobada modificación del artículo 41 de la constitución. Pero en los demás órganos del Estado Democrático Constitucional, no.

Las cifras del día de hoy contrastan con los discursos, por mucho, los logros son menos a los retos. La paridad en las instituciones todavía no es una realidad.

Pregunto. ¿Será por falta de recursos humanos?

Es decir, que no hay perfiles femeninos para ser Ministras, Magistradas, Diputadas, Senadoras, Alcaldesas, Secretarias de Estado, siendo las mujeres más de la mitad de nuestra sociedad.

¡Claro que no!

¡Claro que hay perfiles!

¿Qué falta? Oportunidades, solamente oportunidades.

Los hombres aún creen que la igualdad, la paridad de género y las acciones afirmativas, son una concesión graciosa que se nos puede  regatear. No señores, es sólo justicia.

La igualdad, si es en serio, debe de ser un principio que permee a todo nuestro sistema, a toda nuestra sociedad, la falta de paridad es cosa seria, porque la desigualdad institucionalizada tiene un nombre, violencia, para limitar nuestros derechos y para no reconocer nuestras capacidades.

Construyamos juntos, mujeres y hombres una sociedad más justa, vamos  por una sociedad paritaria, no más, tampoco menos. 

Muchas gracias.

(Aplausos)

Agradecemos la participación de la Senadora Marcela Torres.

Y dando continuidad al acuerdo aprobado por esta Honorable Asamblea, le pedimos a la Senadora Diva Gastélum, que haga uso de la tribuna y emita el mensaje, en representación del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional.

La Senadora Diva Hadamira Gastélum Bajo: Muchas gracias, Presidenta.

Muy buenas tardes a todas, a todos, gracias a nuestros invitados especiales, especialmente a la representante del Poder Ejecutivo, a nuestra querida Lorena Cruz, a todas y a todos ustedes, muchas gracias, gracias, coordinadores.

Yo creo que tendríamos que estar celebrando no solamente 63 años  que alcanzamos el derecho de votar y ser votados.

El tema es más allá de un siglo, una lucha que se dio por mucho tiempo, por muchas mujeres, y hay que reconocer, por muchos hombres comprometidos, como hoy también tenemos hombres comprometidos con esta causa, con esta lucha por la democracia mexicana.

Los datos son muy evidentes, muchos discursos a favor, pero en los hechos, como siempre, la realidad alcanzaba el no estar incorporadas en la democracia de este país, Lázaro Cárdenas, luego Miguel Alemán, y finalmente  Adolfo Ruiz Cortines otorga este  derecho, después de muchos intentos municipales, estatales y de un gran debate que se dio en la Cámara de Diputados.

Yo los invito a ustedes a que recorran el debate que se dio para que nos dieran el derecho al voto a las mujeres.

Es increíble la cantidad de calificativos que a las mexicanas nos establecieron en el afán de no obtener  este derecho, que la Iglesia tenía que ver con nuestra decisión, que teníamos roles biológicos qué atender, que nos mandaba una persona distinta, fue un gran debate que se dio, finalmente se otorga este derecho, y cuando revisamos el pasar de los años encontramos un gran problema, nos dieron un derecho material, porque el derecho material era pasivo, solamente votábamos por los varones, para eso nos dieron este derecho, y el dato  es muy elocuente.

¿Hasta cuándo una mujer fue electa?

¿Hasta cuándo tuvimos una Diputada Federal?

¿Cuándo el Senado de la República tuvo una representación de mujeres?

¿Cuándo la primera Gobernadora? Griselda Álvarez.

¿Cuándo estos datos reflejan  la pasividad de este derecho que nos dieron a las mujeres?

Lo dijo aquí la Senadora Angélica de la Peña, México llegó tarde a este derecho, fuimos casi el último, hoy somos el número siete en democracia paritaria.

Tenemos que decirlo con todas sus palabras, es una nueva época, una nueva realidad que vive la democracia mexicana, la democracia paritaria hoy permite que la Cámara de Diputados tenga una representación muy importante.

Este Senado de la República fue electo todavía con el tema de cuotas del 60-40, pero ¿cuál es el problema más serio que lleva en sí el tema de la democracia paritaria?

Enrique Peña Nieto mandó la iniciativa, pero dentro de esto, necesitamos un blindaje que hable de transcurrir de esta democracia paritaria, nos faltan muchas cosas, el tercer orden de gobierno, todavía está a la deriva, y de manera discrecional en los gobiernos estatales.

Pero lo que sí está a la orden del día en la violencia política. Somos clientes frecuentes de la violencia política, y alguien decía, hay que cuidar las elecciones, ¿cuántas mujeres llegan?

Y yo les quiero decir que no es un tema aritmético, no es un tema solamente de mitad y mitad, es un tema del respeto a los derechos políticos que tenemos las mujeres.

Y somos clientes frecuentes en el tema de violencia política, si no chequen el caso de Rosa Pérez. Ya el Tribunal dijo: “Regrésese”, ¿y qué ha pasado? Pues no, ¿a quién le tienen miedo, eh?, ¿cuál es la barrera más que tenemos que seguir nosotros derribando para poder tener derechos políticos a salvo?

Pero no es suficiente solamente eso, no es un tema, y me gusta mucho que esté aquí el Presidente de la CNDH y el responsable del Instituto Nacional Electoral, y el Tribunal Electoral y la Suprema Corte y la representación de la Cámara de Diputados, no es un tema solamente de campañas electorales, la violencia política se ejerce todos los días en contra de las mujeres, si no chequen las sillas vacías de esta Sesión Solemne.

Eso se llama violencia política el no darnos voz y el no permitirnos hablar de un tema de gran trascendencia, como es la democracia mexicana.

Y lo tengo que decir, nosotros vamos a seguir luchando, ¿cuántos años? No lo sé. ¿Cuánto tiempo? Tampoco lo sé. Pero somos una generación llamada a vencer los obstáculos que no nos han dejado crecer.

Lo que no hemos entendido es que cuando las mujeres no estamos en pleno desarrollo, no tenemos la voz completa en una ciudadanía tampoco el país se desarrolla, tampoco el país crece. No es un tema de gavetas donde en una están los varones y en otro están las mujeres, es un tema colectivo, es un tema de ciudadanía plena.

Yo termino diciéndoles. Alguien me preguntó y voy a decirlo tal cual la pregunta: ¿Por qué es tan importante para ustedes la presencia de las mujeres en la política?, ¿y por qué siguen ustedes buscando representaciones en igualdad de circunstancias, señoras? Porque a veces nos beneficiamos de la causa.

Soy mujer y quiero estar ahí, pero las mujeres tenemos una responsabilidad, tenemos que abonarle a la causa que nos ha hecho llegar aquí. Y para los hombres que se preguntan, ¿por qué estamos luchando? Muy sencillo, simplito, es justicia democrática, y la justicia democrática no es un tema de las y los, es un tema de ciudadanía plena.

Muchas gracias.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Itzel Sarahí Ríos de la Mora: Gracias, Senadora Diva Gastélum.

Con su anuencia, me permito hacer el uso de la voz para emitir un mensaje.

Senadoras, Senadores; hombres y mujeres de México:

Fue el 17 de octubre del año de 1953, motivados por la propuesta del entonces Presidente de México, Adolfo Ruiz Cortines, que la representación nacional aprobó por unanimidad la Reforma del Artículo 34 constitucional.

En ese año se reconoció oficialmente el derecho de las mujeres a votar y a ser electas, ese logro no fue un obsequio ni tampoco fue una concesión, fue el resultado de significativos movimientos universales y nacionales a favor de reconocer y hacer valer los derechos de las mujeres como personas y también como ciudadanas.

De igual manera, hoy a través de acciones afirmativas, como la reforma donde el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, con el consenso de todos los grupos parlamentarios, y aquí cabe hacer un paréntesis para reconocer a todas las fuerzas políticas que pugnaron también porque ese derecho fuese reconocido, y se estableció el principio de paridad entre mujeres y hombres en los cargos de elección para el Poder Legislativo.

Hemos logrado un cambio significativo en este rubro y gracias ahora México, México gracias a eso hoy es un mejor país.

Quiero ser enfática, esta acción no es una dádiva, sino una conquista a través de una intensa lucha basada en la justicia, basada en la razón. Gracias al esfuerzo de ayer hoy tenemos más oportunidades, sin duda, mis compañeras y su servidora, somos una fiel muestra de eso, los avances se han dado.

Senadoras y Senadores sentamos un precedente que hace y hará que México sea un país más justo, sintámonos orgullosos al cumplir nuestro deber, cumplimos el mandato de velar por los intereses de todas y de todos los ciudadanos de este país.

Lo que hicimos de manera conjunta ya rinde frutos, es evidente que existe más representación femenina en ambas Cámaras, y estoy segura que todas las generaciones habrán de abonarle para que cada día exista más una verdadera igualdad entre mujeres y hombres.

Amigas Senadoras, amigos Senadores, hombres y mujeres que nos acompañan y también me dirijo a quienes no nos acompañan, pero que, sin duda, también en ellos hace eco este deseo de que exista igualdad en nuestro país.

A lo largo de la historia han existido mujeres valientes que invirtieron e invierten muchos años; invierten sueños, invierten esfuerzos e ideas en la lucha por el reconocimiento del sufragio femenino.

Este es un esfuerzo, no sólo por el reconocimiento al derecho a participar en política. Es también un grito para visibilizar la violencia, una violencia que calla, pero que existe, una exigencia y una lucha para que cada mujer pueda decidir sobre su vida en completa libertad, sin violencia, sin daños a terceros, sin estereotipos, pero también sin prejuicios.

No basta que la mujer vote o que se asegure su presencia partidaria o que se asegure su presencia en el Poder Legislativo.

Es necesario que los hombres y mujeres tomemos conciencia de la realidad que vive hoy México.

Nos hace mucha falta. Es verdad que hemos dado pasos significativos, pero no es suficiente.

Se requiere modificar leyes, sí, pero que esas modificaciones se vean reflejadas en la cotidianidad, que las mujeres, las adolescentes y nuestras niñas tengan una mejor calidad de vida.

No se trata de una lucha entre géneros, ni de tener más derechos que los hombres, sino que reconozcan que las mujeres tenemos derechos.

No queremos ir atrás, tampoco queremos ir adelante, queremos ir en unidad, hombres y mujeres en el desarrollo de este país que, si bien es cierto y es justo, debemos de reconocer que está nación necesita de todas y de todos en su conjunto.

Segura estoy que muchas de las aquí presentes, a muchas nos ha costado ejercer nuestro derecho a ocupar un cargo en la toma de decisión, pero también es cierto que allá afuera existen muchos casos donde, como género, hemos enfrentado discriminación y también hemos padecido violencia.

No debemos permitirnos acumular ese rezago de discriminación que, aunque impide que la mujer, en la actualidad, sigue impidiendo que la mujer se desarrolle plenamente en México, en todas sus potencialidades.

Debemos pasar del papel a la práctica cotidiana, lo que hoy es una obligación, esperamos que con el tiempo y con la educación se vuelva una real y una sentida convicción.

Las mujeres mexicanas y las generaciones que nos precedieron, han y hemos ganado a pulso y con paciencia los derechos que hoy ejercemos con libertad.

Invito, no nada más a las mujeres, sino también a los  hombres a que trabajemos para eliminar la violencia política, el feminicidio, la trata de mujeres, la discriminación, la violencia en cualquiera de sus manifestaciones y todo aquello que inhibe la inclusión de las mujeres y que también hace poco visible la violencia que hoy se padece.

En las elecciones venideras debemos aspirar a consolidar la paridad en las legislaturas de todas las entidades federativas, no por capricho, no por ego, sino porque se deben de generar políticas públicas a favor de la más de la mitad de la población que, justamente, somos mujeres.

Esto nos debe inspirar y llevar al principio de paridad e inclusión a otros ámbitos donde se toman decisiones, pero por una asunto de convicción, no solamente porque la ley nos lo mandate.

Es importante trabajar en una ley, como ya han mencionado mis compañeras que, de verdad, nos ayude a sancionar la violencia política contra las mujeres.

Tenemos mucho camino por andar, trabajaremos para lograr la igualdad sustantiva que la sociedad mexicana merece, lograremos que nuestras niñas y adolescentes tengan un futuro sin violencia por el simple hecho de ser mujeres.

Contamos con instituciones para lograrlos, muestra de ello, son las personalidades que hoy nos acompañan y a quienes les agradecemos su presencia.

Las mujeres que ocupamos cargos tenemos la responsabilidad de seguir exigiendo espacios de representación.

Estoy segura que México no puede aspirar a una verdadera calidad de vida, si se excluye de la política a las mujeres.

Necesitamos a mujeres haciendo política, haciendo reformas, haciendo leyes que ayuden a que la calidad de vida de las mujeres se eleve.

A mis compañeros Senadores, a los  hombres aquí presentes, a todos, los invito a que la lucha no sea exclusiva de las mujeres, que se unan como hasta ahora y que hagamos un trabajo más arduo en equipo para que la igualdad de género sea una realidad en nuestro país.

Les pido su apoyo no sólo para legislar, sino también para educar; porque es falso que la educación de hijas e hijos recae solamente en las mujeres, también ustedes son responsables con sus palabras y con sus acciones.

Eduquemos con igualdad, los invito a ellos, incluyamos, pero sobre todo, los invito a que eduquemos con el ejemplo.

A la población en México les invito a que no se dejen vencer por los prejuicios de una malentendida y ejecutada visión de una cultura, lo que podemos  llamar machista.

A las  mujeres que han luchado a través de la historia, a las que insisten en que la igualdad sea una realidad, a esas les agradecemos; a las mujeres que alzan la voz y se manifiestan, también les agradecemos; a las que se quedan en casa y son el sustento de la familia; a las niñas que  levantan la voz en la escuela, que participan y hacen valer sus derechos; también les agradecemos a las mujeres que se quedan calladas, pero que con su ejemplo, que con sus acciones nos inspiran.

Muchas gracias, muchas gracias a todas ellas.

Pero también gracias a todos aquellos hombres que con sus acciones fortalecen nuestros derechos.

Senadoras y Senadores:

Les convoco a construir un México ejemplar, que sirva de guía a otras naciones, pero sobre todo que sirva de guía, que sirva de inspiración y modelo a todas las generaciones que conforman este hermoso país.

Felicidades a todas las mujeres mexicanas que celebramos 63 años de ejercer el voto, y también que celebramos el derecho de ser electas.

Felicidades a los hombres, porque al avanzar las mujeres, avanzamos todos, avanzamos como sociedad.

Ningún regateo al reconocimiento de los derechos de la mujer, ningún regateo en un derecho menos; que vengan  muchos días de esfuerzo, sin descanso hasta lograr la igualdad sustantiva.

En México, en México nos queremos a las mujeres ejerciendo nuestros derechos; en México nos queremos vivas, nos queremos libres y nos queremos sin miedo.

Por su atención, gracias.

(Aplausos)

A nombre del Senado de la República deseo expresar nuestro agradecimiento a las personas que se encuentran  aquí no solamente por su presencia, sino que sin duda, porque con su actividad todos los días nos ayudan a lograr el anhelo que tenemos todos los mexicanos y las mexicanas, que es lograr igualdad.

A la licenciada Lorena Cruz Sánchez, a la Ministra Norma Lucía Piña Hernández, a la Diputada Gloria Imelda Félix Niebla, al licenciado Luis Raúl González Pérez, al doctor Lorenzo Córdova, a la maestra Diana Favela Herrera y a la licenciada Beatriz Galindo Centeno.

Así como también a todas las distinguidas personalidades que fueron invitadas hoy a esta Sesión Solemne por su participación y por su empeño, muchas gracias.

(Aplausos)

Para dar seguimiento a esta Sesión Solemne, le solicito a la Honorable Asamblea ponerse de pie, con el fin de entonar nuestro glorioso Himno Nacional.

(Todos de pie. Se entona el Himno Nacional)

Muchas gracias por su presencia, y segura que no será la última vez que por aquí pase una mujer, ese es el augurio y el deseo.

Gracias a los distinguidos invitados por su presencia, y por supuesto a la Honorable Asamblea.

Muchas gracias.

Y se levanta la Sesión Solemne.

Se levantó la Sesión Solemne 13:32 horas

http://www.senado.gob.mx:80/index.php?watch=15&id=1746