Senado de la República.
Sesión Plenaria.
Lunes 22 de mayo de 2017
    
    

Última actualización: Abril 2017
Última revisión: Abril 2017

Sesión Plenaria - Diario de los Debates
LXII
              Legislatura
2o
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DIARIO DE LOS DEBATES

DE LA CÁMARA DE SENADORES
DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS


AÑO II                       Primer Periodo Ordinario                       LXII Legislatura                       Sesión Núm. 24

Presidente de la Mesa Directiva
Sen. Raúl Cervantes Andrade

Sesión Pública Solemne Celebrada
en la Ciudad de México, el 05 de Noviembre de 2013

SUMARIO                                              


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PRESIDENCIA DEL C. SENADOR
RAUL CERVANTES ANDRADE

APERTURA

- El C. Presidente Raúl Cervantes Andrade: (11:30 horas) Solicito a la Secretaría informe a la Asamblea el resultado del cómputo de asistencia de los señores Senadores.

- La C. Secretaria María Elena Barrera Tapia: Honorable Asamblea, conforme al registro de asistencia se han acreditado un total de 105 ciudadanas Senadoras y Senadores.

En consecuencia, hay quórum, señor Presidente.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Gracias, señora Secretaria. Se abre la sesión solemne del Senado de la República, convocada para la entrega de la Medalla de Honor “Belisario Domínguez”2013.

Solicito a la Secretaría dé lectura a las comisiones de cortesía que han sido designadas para recibir y acompañar a nuestros distinguidos invitados a esta sesión solemne.

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Doy lectura a las comisiones protocolarias de esta sesión solemne:

Para recibir al ciudadano Presidente de la República, los Senadores Luis Sánchez Jiménez, Roberto Armando Albores Gleason, Javier Lozano Alarcón, Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, Jorge Emilio González Martínez y Ana Gabriela Guevara Espinoza.

Para recibir al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los Senadores José Rosas Aispuro Torres, Arely Gómez González, Javier Corral Jurado, Zoé Robledo Aburto y Marco Antonio Blásquez Salinas.

Para recibir al Presidente de la Cámara de Diputados, los Senadores Rosa Adriana Díaz Lizama, Enrique Burgos García, Silvia Guadalupe Garza Galván y Angel Benjamín Robles Montoya.

Para recibir al Gobernador del Banco de México, los Senadores Lilia Guadalupe Merodio Reza, José Francisco Yunes Zorrilla, Carlos Mendoza Davis, Armando Ríos Piter y Manuel Cavazos Lerma.

Para recibir al Gobernador del estado de Chiapas, los Senadores Martha Palafox Gutiérrez, Ricardo Barroso Agramont, Roberto Gil Zuarth, Zoé Robledo Aburto y Luis Armando Melgar Bravo.

Para recibir al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, los Senadores Ana Lilia Herrera Anzaldo, Joel Ayala Almeida, Gabriela Cuevas Barrón y María Alejandra Barrales Magdaleno.

Para recibir a la familia del señor Manuel Gómez Morín, los Senadores Juana Leticia Herrera Ale, Luisa María de Guadalupe Calderón Hinojosa y David Monreal Avila.

Es todo, señor Presidente.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Esta Presidencia solicita a las comisiones designadas acudan a las puerta de este recinto, a fin de cumplir con su cometido.

(Las comisiones cumplen)

En tanto, se declara un receso.

(Receso)

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Se reanuda la sesión solemne.

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Se solicita a los presentes ponerse de pie, para recibir al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

(Todos de pie)

Favor de tomar asiento.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Con fundamento en el artículo 100 de la Ley Orgánica del Congreso General y el artículo 9o. del Reglamento de la Medalla de Honor “Belisario Domínguez”, damos inicio a la sesión solemne a fin de realizar la entrega de este galardón y el diploma correspondiente.

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Se les solicita a todos ponerse de pie a efecto de rendir los Honores de Ordenanza al Presidente de la República.

(Todos de pie)

(Honores de Ordenanza al Presidente de la República)

Sírvanse tomar asiento, por favor.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Damos la bienvenida al señor Presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto.

(Aplausos)

Al Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

(Aplausos)

Al Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Cámara de Diputados.

(Aplausos)

Al doctor Agustín Carstens Carstens, Gobernador del Banco de México.

(Aplausos)

Al licenciado Manuel Velasco Coello, Gobernador del estado de Chiapas.

(Aplausos)

Al doctor Miguel Angel Mancera Espinoza, Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

(Aplausos)

Al licenciado Aurelio Nuño Mayer, Jefe de Oficina de la Presidencia de la República.

(Aplausos)

Y al licenciado Miguel Angel Osorio Chong, Secretario de Gobernación.

(Aplausos)

Agradezco la presencia de los señores Diputados federales, de los distinguidos miembros del Poder Ejecutivo Federal, de los representantes de los poderes del estado de Chiapas y del presidente municipal de Comitán de Domínguez, Chiapas.

Agradezco también la asistencia de los integrantes de la familia de don Manuel Gómez Morín, que acuden a esta sesión solemne. Particularmente de la señora Margarita Gómez Morín de Romero de Terreros, hija de don Manuel Gómez Morín.

Reconozco y agradezco la presencia de las distinguidas ciudadanas y ciudadanos que con anterioridad recibieron la Medalla de Honor “Belisario Domínguez”, y que nos acompañan a esta sesión solemne.

(Aplausos)

Todos honran con su presencia al Senado de la República.

Solicito a la Secretaría proceda a pasar lista de honor.

(Todos de pie)

- La C. Secretaria Barrera Tapia: ¡Senador Belisario Domínguez!

- El C. Presidente Cervantes Andrade: ¡Murió por la Patria, en defensa de la libertad!

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Sírvanse tomar asiento.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Solicito a la Senadora María Elena Barrera Tapia, Secretaria de la Mesa Directiva, dé lectura a la histórica proclama del doctor y Senador Belisario Domínguez, correspondiente a la XXVII Legislatura del Senado de la República.





 

LECTURA DEL HISTORICO DISCURSO DEL PROCER BELISARIO DOMINGUEZ

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Procedo a dar lectura al texto del discurso del Senador Belisario Domínguez.

“Señor Presidente del Senado:

Por tratarse de un asunto urgentísimo para la salud de la Patria, me veo obligado a prescindir de las fórmulas acostumbradas y a suplicar a usted se sirva dar principio a esta sesión tomando conocimiento de este pliego y dándolo a conocer en seguida a los señores Senadores. Insisto, señor Presidente, en que este asunto debe ser conocido por el Senado en este mismo momento, porque dentro de pocas horas lo conocerá el público y urge que el Senado lo conozca antes que nadie.

Señores Senadores: Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente.

Indudablemente, señores Senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan de política, que están al corriente de los sucesos del país y que no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la Nación Mexicana, a esta noble Patria que, confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.

¿Qué debe hacer en este caso la Representación Nacional?:

- Corresponder a la confianza con que la Patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.

La verdad es esta: Durante el gobierno de don Victoriano Huerta, no solamente no se ha hecho nada en bien de la pacificación del país, sino que la situación actual de la República, es infinitamente peor que antes; la Revolución se ha extendido en casi todos los estados; muchas naciones, antes buenas amigas de México, rehúsanse a reconocer su gobierno, por ilegal; nuestra moneda encuéntrase depreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa entera de la República amordazada, o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y por último, el hambre y la miseria en todas sus formas, amenazan extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada Patria.

¿A qué se debe tan triste situación?:

- Primero y antes de todo, a que el pueblo mexicano no puede resignarse a tener por Presidente de la República a don Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la Presidencia fue asesinar cobardemente al Presidente y Vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular, habiendo sido el primero de éstos quien colmó de ascensos, honores y distinciones a don Victoriano Huerta y habiendo sido él, igualmente, a quien don Victoriano Huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantable.

Y segundo, se debe esta triste situación a los medios que don Victoriano Huerta se ha propuesto emplear para conseguir la pacificación. Estos medios ya sabéis cuales han sido: Unicamente muerte y exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpaticen con su gobierno.

“La paz se hará, cueste lo que cueste”, ha dicho don Victoriano Huerta. ¿Habéis profundizado, señores Senadores, lo que significan esas palabras en el criterio egoísta y feroz de don Victoriano Huerta? Esas palabras significan que don Victoriano Huerta está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el Territorio Nacional, a convertir en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra Patria, con tal de que él no abandone la Presidencia, ni derrame una sola gota de su propia sangre.

En su loco afán por conservar la Presidencia, don Victoriano Huerta, está cometiendo otra infamia: Está provocando con el pueblo de Estados Unidos de América un conflicto internacional, en el que, si llegara a resolverse por las armas, irían estoicamente a dar y a encontrar la muerte todos los mexicanos sobrevivientes a las amenazas de don Victoriano Huerta, todos, menos don Victoriano Huerta, ni don Aurelio Blanquet, porque esos desgraciados están manchados con el estigma de la traición y el pueblo y el ejército los repudiarán, llegado el caso.

Esa es, en resumen, la triste realidad. Para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable, porque don Victoriano Huerta se ha adueñado tanto del poder que, para asegurar el triunfo de su candidatura a la Presidencia de la República, en la parodia de elecciones anunciadas para el 26 de octubre próximo, no ha vacilado en violar la soberanía de la mayor parte de los estados, quitando a los Gobernadores constitucionales e imponiendo Gobernadores militares que se encargarán de burlar a los pueblos por medio de farsas ridículas y criminales.

Sin embargo, señores, un supremo esfuerzo puede salvarlo todo. Cumpla con su deber la Representación Nacional y la Patria está salvada y volverá a florecer más grande, más unida y más hermosa que nunca.

La Representación Nacional debe deponer de la Presidencia de la República a don Victoriano Huerta, por ser él contra quien protestan, con mucha razón, todos nuestros hermanos alzados en armas y de consiguiente, por ser él quien menos puede llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de todos los mexicanos.

Me diréis, señores, que la tentativa es peligrosa porque don Victoriano Huerta es un soldado sanguinario y feroz que asesina sin vacilación ni escrúpulo a todo aquel que le sirve de obstáculo. ¡No importa, señores! La Patria os exige que cumpláis con vuestro deber, aún con el peligro y aún con la seguridad de perder la existencia. Si en vuestra ansiedad de volver a ver reinar la paz en la República, os habéis equivocado, habéis creído las palabras falaces de un hombre que os ofreció pacificar a la Nación en dos meses, y le habéis nombrando Presidente de la República, hoy que veis claramente que este hombre es un impostor inepto y malvado, que lleva a la Patria con toda velocidad hacia la ruina, ¿dejaréis por temor a la muerte que continúe en el poder?

Penetrad en vosotros mismos, señores, y resolved esta pregunta: ¿qué se diría de la tripulación de un gran navío que en la más violenta tempestad y en un mar proceloso, nombrara piloto a un carnicero que, sin ningún conocimiento náutico navegara por primera vez y no tuviera más recomendación que la de haber traicionado y asesinado al Capitán del barco?

Vuestro deber es imprescindible, señores, y la Patria espera de vosotros que sabréis cumplirlo.

Cumpliendo ese primer deber, será fácil a la Representación Nacional cumplir los otros que de él se derivan, solicitándose en seguida, de todos los jefes revolucionarios que cese toda hostilidad y nombren sus delegados para que, de común acuerdo, elijan al Presidente que deba convocar a elecciones presidenciales y cuidar que éstas se efectúen con toda legalidad.

El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano, y la Patria espera que la honraréis ante el mundo, evitándole la vergüenza de tener por Primer Mandatario a un traidor y asesino.

Dr. Belisario Domínguez,
Senador por el estado de Chiapas.

NOTA: Urge que el pueblo mexicano conozca este discurso para que apoye a la Representación Nacional; y no pudiendo disponer de ninguna imprenta, recomiendo a todo el que lo lea saque cinco o más copias, insertando también esta nota y las distribuya a sus amigos y conocidos de la capital y de los estados. ¡Ojalá hubiera un impresor honrado y sin miedo!

Septiembre 29, de 1913”.

Es cuanto, señor Presidente.

(Aplausos)

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Gracias, señora Secretaria.

Se le concede el uso de la palabra al Senador Jorge Luis Preciado Rodríguez, Presidente de la Junta de Coordinación Política, a nombre de la Cámara de Senadores.





 

DISCURSO DEL C. SENADOR JORGE LUIS PRECIADO RODRIGUEZ

- El C. Senador Jorge Luis Preciado Rodríguez: “Las ideas y los valores del alma, son nuestras únicas armas; no tenemos otras, pero tampoco las hay mejores”. Don Manuel Gómez Morín.

Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores; señora Margarita Gómez Morín Torres; señoras y señores; compañeros Senadores:

En la historia de los pueblos, hay momentos de su continua construcción que producen hombres fuego, hombres que encarnan una pasión y una fuerza extraordinaria, una fuerza creadora única y generosa. Esos hombres son, a la vez, producto y causa de la historia, producto del pasado destinado a construir un nuevo y mejor futuro.

En México, la etapa de la Revolución de 1910 generó una pléyade extraordinaria. Durante las primeras décadas del siglo XX, todo estaba por construirse, todo estaba por transformarse.

El momento requería de valor y de entrega, sí, pero más aún de imaginación para dar cauce a un proyecto de futuro diferente y mejor, así como de nuevas instituciones que hicieran de México la nación que merecía ser, aquélla por la que se luchaba, por la que se moría y por la que se soñaba.

No fueron pocos los mexicanos con ese carácter extraordinario, varios han sido ya motivo de elevadas distinciones. Entre ellos, hoy rendimos el más alto homenaje a un hombre excepcional, cuyo legado cobra vida al repasar su obra política, su obra institucional, y la que fue, sin duda, una incomparable visión del futuro mexicano para el siglo XX.

Es para mí una enorme distinción el tener el honor de dirigirme a ustedes para hablar sobre un mexicano grande entre los grandes de nuestro país: Don Manuel Gómez Morín.

Gómez Morín fue de ese tipo de hombres que, además de avizorar el futuro, tienen el carácter y la fuerza que se requiere para enfrentar cualquier problema que dificulte su materialización.

Al fundar nuevas instituciones y encabezarlas durante sus primeras etapas, fue dejando una huella profunda.

El hombre originario de Batopilas, Chihuahua, supo siempre actuar en su circunstancia.

Miembro de la conocida generación de “Los Siete Sabios”, también conocida como la “Generación de 1915”, junto a Antonio Castro Leal, Alberto Vázquez del Mercado, Jesús Moreno, Alfonso Caso y Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín sabía que la tarea era transformar a México y juntos a eso se dedicaron.

Enrique Krauze dice de esta generación lo siguiente: “Hay, es cierto, un aire de familia entre los miembros de una generación, un haz de actitudes que la distinga de la anterior y de la siguiente, pero al fin de cuentas, para efectos biográficos, lo que importa es el individuo irrepetible”. Don Manuel Gómez Morín fue un hombre irrepetible.

Dos años antes de su ingreso a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, la generación de don Manuel vio morir a Belisario Domínguez, liberal crítico del sistema, crítico del autoritarismo.

En 1913 se iban los luchadores de las libertades en México y se abría la puerta para las generaciones, como la de don Manuel, la generación de Los Sabios.

En los últimos meses hemos presenciado y sido parte de la lucha de México por modernizar y mejorar la educación. Hemos visto cómo las fuerzas políticas se unen para seguir dando a México los cambios que requiere el dar a nuestros niños una educación de calidad.

Cómo no recordar ahora la lucha de Gómez Morín por la libertad de cátedra, por hacer valer la autonomía de la Universidad Nacional Autónoma de México y construir el contexto mínimo de libertad para la universalidad del conocimiento y que fuera para nuestros jóvenes, sin condiciones, sin limitaciones, sólo con la entrega del maestro que buscaba libertad para enseñar.

Apunta el mismo Krauze: “La verdadera autonomía de la UNAM, la palabra autónoma, se debe a la lucha de Gómez Morín por la libertad de cátedra”. Es con ese espíritu que Gómez Morín lograría ponerse al nivel de los grandes hombres de su tiempo.

En un libro editado recientemente por el Banco de México, de Eduardo Turrent, aparece en la fotografía de su portada el Presidente Calles sentado y rodeado de sus colaboradores, observando con mirada atenta y profunda a don Manuel mientras hacía uso de la palabra en el acto de inauguración del Banco de Crédito Agrícola.

Gómez Morín podía ponerse a la altura del que más, ser leal a sus jefes y mantenerse fiel a sus principios.

Ese gran anhelo de contar con una institución dedicada a fortalecer el campo se hacía realidad, y en la mente de don Manuel, combatir los problemas del campo significaba el principio del arreglo de todos los demás problemas que afectaban al México de los años 20´s. Con esa misma fuerza participó en la fundación del Banco de México, al que renunció cuando sintió traicionados los principios con base en los cuales había sido creado.

Hoy resulta oportuno recordar esas luchas cuando tomamos decisiones que guían a nuestra economía en un mundo globalizado y abierto a las reglas del mercado.

Recientemente pusimos a debate reformas que tienen repercusiones profundas sobre la sociedad en su conjunto, son temas que llegan a la vida diaria de las mayorías, que tienen que ver con el cómo mejorar la vida de los mexicanos. Resurge, por y para ello, el recuerdo de Gómez Morín, quien desde 1928 ideó las bases de una gran institución del México moderno, el Seguro Social.

En 1929, el ideólogo español Fernando de los Ríos felicitaba a su amigo Gómez Morín con estas palabras: “Esa ley o proyecto de ley de seguros sociales es de gran valor. Cualquiera que sea la evolución política de México, no podrá menos de tomarla como forzado tema para su estructura”.

Hoy, cuando discutimos iniciativas para modificar el sistema de seguridad social, no podemos ser menos visionarios que don Manuel hace 85 años, quien seguramente convendría impulsar cambios para fortalecer nuestras instituciones, pero siempre regidos por una larga visión de futuro y nunca dominada por la coyuntura del día.

Es por eso que hoy, cuando estamos por iniciar la construcción de una de las reformas más importantes como la energía, es un tema que preocupa a naciones y continentes, no se puede dejar de lado la importancia de Gómez Morín, cuando le daba a la participación de los ciudadanos, de las personas, con su iniciativa, con su carácter emprendedor, en todas las actividades de la vida pública.

Ese hombre se convirtió en uno de los principales disidentes del modelo estatista post-revolucionario, cuando la frase de moda era: “Todo lo que los particulares no puedan hacer y sea indispensable, lo debe hacer el gobierno”.

La versión inversa a este proyecto es lo que estaba en la mente de Gómez Morín para el futuro de México: “tanta sociedad como sea posible y sólo tanto gobierno como sea necesario”, decía.

Como destacado integrante de “La Generación de 1915”, la política era para Gómez Morín una fuente de oportunidades para democratizar a México.

La fundación del Partido Acción Nacional fue sin duda, uno de sus proyectos más ambiciosos.

En todo lo emprendido, prevaleció su interés por realizar las reformas que dieran a México las condiciones para ensanchar la participación política de los mexicanos y contar con instituciones que garantizaran el fortalecimiento de la democracia.

Era, sin duda, otra visión de largo plazo que surgía de su permanente rechazo al ejercicio autoritario del poder.

Desde la plataforma que su partido defendió en 1946, Gómez Morín anticipaba la necesidad de instituciones libres y autónomas que garantizaran elecciones limpias.

Es válido concluir que, a partir de esas ideas, y con la participación de todos los actores políticos, surgieron las actuales autoridades electorales. Esas instituciones que hoy, una vez más, queremos reformar, vamos a fortalecer y las vamos a modernizar.

Gómez Morín no solamente impulsó la creación de uno de los partidos insignia del México moderno, sino que en toda trinchera mantuvo siempre su lucha por la defensa e impulso de la democracia.

Así entendió el papel de la educación, el del acceso de todos a la seguridad social, el de contar con una moneda y economía sólidas y, por supuesto, la necesidad de crear una alternativa política de Acción Nacional, de la que fue su principal ideólogo.

Don Manuel -quien nunca fue Diputado, quien nunca fue Senador pero que ejerció una fuerte influencia de carácter legislativo- fue de los que hicieron posible que hoy contemos con instituciones que colocan a México entre los países que gozan de una democracia en crecimiento y consolidación.

En la permanente construcción de nuestro sistema político, actuemos con la misma visión y responsabilidad que Gómez Morín dejó como legado inmortal.

Al recordar hoy a este gran mexicano, lo hacemos en su dimensión política, pública y también personal.

Rendimos el más grande homenaje al hombre valiente, sencillo, brillante y visionario, pero también, al jefe de familia generoso, mesurado y comprensivo.

Reciba pues don Manuel Gómez Morín la Medalla “Belisario Domínguez”, como reconocimiento a una vida dedicada a crear un México mejor y más justo.

Que esta ocasión sirva de inspiración a nuestra generación y a las que siguen, testimoniando la trascendencia de cada uno de nuestros actos, donde los de hoy determinarán los del mañana.

Es sólo con pasión, con entrega, con dedicación , con honestidad, con generosidad y hasta con sacrificio, cómo los grandes hombres y mujeres consiguen inscribir su nombre en la historia, en la historia de un pueblo y en la historia de la humanidad entera.

Quiero terminar con una cita del personaje que hoy nos congrega: “Hagamos pues, en nuestro corazón, una decisión inicial: la de no apartarnos en un solo punto del alto espíritu de trabajo común que a esta Asamblea nos ha traído; de entregar lealmente nuestras propias opiniones y recibir con generosa ponderación las que nos sean dadas; de recordar constantemente que aquí nadie viene a triunfar ni a obtener; que sólo un objetivo ha de guiarnos: el de acertar en la definición de lo que será mejor para México”.

¡Que sea para bien de esta gran nación mexicana!

Muchas gracias.

(Aplausos)





 

CONDECORACION AL C. MANUEL GOMEZ MORIN

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Gracias, Senador Luis Preciado.

Les solicito ponerse de pie para el acto de entrega a la señora Margarita Gómez Morín de Romero de Terreros, hija de don Manuel Gómez Morín, quien recibirá la Medalla de Honor “Belisario Domínguez” y el diploma que lo acredita, post mortem, como Miembro de la Orden Mexicana de Honor “Belisario Domínguez”, como reconocimiento a los servicios que en grado eminente prestó a la patria y a la humanidad.

(Todos de pie)

(Entrega del reconocimiento)

(Aplausos)

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Sírvanse tomar asiento.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Tiene el uso de la tribuna el señor Juan Pablo Gómez Morín Rivera, a nombre de don Manuel Gómez Morín.





 

DISCURSO DEL C. JUAN PABLO GOMEZ MORIN RIVERA

- El C. Juan Pablo Gómez Morín Rivera: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señora Margarita Gómez Morín de Romero de Terreros.

Senador Roberto Albores Gleason, Presidente de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez.

Senador Roberto Gil Zuarth, Secretario de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez.

Senador Zoé Robledo Aburto, Secretario de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez.

Senadoras y Senadores.

Señoras y señores:

En septiembre de 1913, cuando los esbirros del usurpador y dictador Victoriano Huerta apresaron al insigne Senador Belisario Domínguez, Manuel Gómez Morín era estudiante de bachillerato en la ciudad de León, Guanajuato.

Gómez Morín había nacido en la barranca chihuahuense de Batopilas, el 27 de febrero de 1897; hijo de Manuel Gómez Castillo y de Concepción Morín del Avellano.

A la muerte del padre, en 1898, doña Concepción y Manuel se trasladaron a la capital de Chihuahua, y años después a León, Guanajuato.

A fines de 1913, madre e hijo llegaron a vivir a esta ciudad de México, y al igual que todos los mexicanos de entonces, padecieron los hechos que dieron lugar a la denuncia que valientemente hizo don Belisario Domínguez y que finalmente lo llevaron a la tortura y a la muerte.

Gómez Morín terminó su bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria; y en 1915 se incorporó a la Escuela de Jurisprudencia.

Al año siguiente fundó, con un grupo de compañeros y maestros, la Sociedad de Conferencias y Conciertos, en donde se les conoció como el “Grupo de los Siete Sabios”.

Adelantando sus estudios, Gómez Morín se recibió de abogado en 1919, y recién egresado fue invitado por el General Salvador Alvarado, Secretario de Hacienda, para que fuese su secretario particular.

Como tal, a los pocos meses fue enviado a la ciudad de Nueva York como agente financiero de México, con el objetivo de fortalecer la imagen de nuestro país y renegociar la deuda externa.

Al regresar, fue nombrado Primer Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda. Y luego, cuando el Secretario era don Adolfo de la Huerta, fue nombrado Subsecretario.

Entonces, Gómez Morín tenía 25 años, y siendo conocedor del derecho económico, el Secretario le encargó la revisión y planteamiento de la política bancaria y financiera de México, así como la redacción de la Ley de Liquidación de los antiguos bancos de emisión, asuntos que terminó antes de su salida de la Secretaría, en 1922.

En enero de 1924, Gómez Morín se casó con Lidia Torres Fuentes, con quien procreó 4 hijos; Juan Manuel, Gabriela, Mauricio y Margarita, aquí presente. Estos a su vez, la dieron 27 nietos y 58 bisnietos, algunos de los cuales nos encontramos aquí.

Volviendo a la historia, en 1925, cuando Gómez Morín se había reintegrado a su actividad profesional, el Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, le encargó dirigir la Escuela Nacional de Jurisprudencia, hoy Facultad de Derecho, la cual transformó, de ser sólo para el derecho privado, hasta contener materias de derecho social e industrial. En esta escuela, Gómez Morín dio además la cátedra de Derecho Público, de 1920 a 1934.

En 1933, el Consejo Universitario lo nombró Rector de la Universidad Nacional, cargo que ocupó durante un año.

Durante su gestión, la institución defendió el ideal de la universalidad y sufrió por ello el acoso económico y político.

El lema de la Rectoría fue: “Austeridad y Trabajo”. Con lo cual Gómez Morín, y otros notables maestros, condujeron la consolidación de los dos pilares de la universidad. Es decir, la autonomía y la libertad de cátedra.

En el ámbito de la economía pública, a partir de 1925, los gobiernos de los Presidentes Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles le pidieron su apoyo como experto en materia de finanzas públicas. Así, Gómez Morín consolidó la Ley Constitutiva del Banco de México, del que fue Presidente de su primer Consejo. También organizó la Primera Convención Nacional de Crédito Agrícola, el Banco Hipotecario y de Obras Públicas, hoy Banobras, y la Asociación Nacional Hipotecaria. Así como la emisión de la Ley de Títulos y Operaciones de Crédito.

También participó en las comisiones para la creación del Seguro Social y la Ley Orgánica del artículo 27 constitucional, en materia de petróleo.

Todavía, en 1931, redactó la Ley Monetaria y las reformas al Banco de México para que éste funcionara, a partir de entonces, estrictamente como un banco central.

Sus ideas sobre la actividad política en nuestro país lo llevaron a que desde 1928, según sus propias palabras: “ya planeaba yo, con un grupo de amigos, crear un partido político para luchar por la preparación cívica de México”.

Dijo, asimismo, respecto a la Revolución Mexicana: “Teníamos en claro, que además de su contenido social y político, con el movimiento se buscó fomentar el desarrollo económico y agrario del país; y alcanzar el ideal de extender la labor educativa a todos los mexicanos”.

Y dijo también: “En 1917, cuando estudiantes, estuvimos de acuerdo con los postulados de la Constitución de Querétaro, especialmente los artículos 27 y 123.

Todos querían un cambio y creían en la posibilidad de los cambios súbitos por los carismas constitucionales.

Después, la realidad evidenció que los cambios que México requiere deben procurarse, primero para lograrlos y luego para mantenerlos”.

Por ello, Gómez Morín pronunció su frase: “La acción política de todos, es obligatoria y se convierte en una brega de eternidad”.

Así, en septiembre de 1939, Gómez Morín presidió la asamblea fundacional del Partido Acción Nacional. En su discurso mencionó: “Pensamos y sostenemos, que se gobierna desde el gobierno o también desde enfrente del gobierno, si se logra crear una fuerza política suficiente”.

Y aún en 1964, 25 años después, Gómez Morín expresó: “El programa de la Revolución Mexicana sigue vigente y fundamentado en las mismas ideas iniciales. O sea, en una vida mejor para todos; un mejor aprovechamiento de los recursos humanos y naturales del país; un arreglo justiciero de la distribución de la riqueza y sus productos; una mejor y más difundida educación; y en la base de todo ello, una organización política fundada en el juego real y respetado de las instituciones democráticas”.

Y tal como lo practicó hasta su muerte, en abril de 1972, siempre sostuvo que la actividad política debe hacerse en paralelo a la vida diaria y familiar, pues la atención a la familia de cada quien, es un asunto básico de la existencia.

Nosotros, los nietos, fuimos testigos durante los años que lo tuvimos, de su continua presencia y la de nuestra abuela Lidia.

Las reuniones familiares de fin de semana y la convivencia de nuestros padres y nosotros mismos en la casa de los abuelos, en San Angel, fue una constante en nuestra vida de juventud.

Hoy, el recuerdo de ello nos llena de emoción y nos hace agradecer de nueva cuenta al señor Presidente Peña Nieto y a este Honorable Senado de la República, el homenaje de que ha sido objeto nuestro abuelo.

Para terminar, cito otro pensamiento de don Manuel Gómez Morín: “Creemos que el hombre está hecho para luchar por su bien y por el bien de todos, que esa lucha no es estéril y puede mejorar y mejora las condiciones de vida de la comunidad y que esa lucha no se va a acabar nunca”.

Muchas gracias.

(Aplausos)





 

MINUTO DE SILENCIO

- El C. Presidente Cervantes Andrade:La Mesa Directiva, en nombre del Senado de la República, les solicita que, puestos de pie, guardemos un minuto de silencio, a fin de honrar la memoria de los miembros de la Orden Mexicana de la Medalla “Belisario Domínguez”, que han fallecido.

(Todos de pie, guardan un minuto de silencio)

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Gracias, sírvanse tomar asiento.

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Una vez que se rindan los honores al titular del Poder Ejecutivo, se solicita al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, a la señora Margarita Gómez Morín de Romero de Terreros, al Ministro Juan Silva Mesa, al Diputado Ricardo Anaya Cortés, al licenciado Manuel Velasco Coello, al doctor Miguel Angel Mancera, a los integrantes de la Mesa Directiva del Senado, así como a todos nuestros distinguidos invitados por su asistencia a esa sesión solemne, se trasladen al Muro de Honor de la Medalla “Belisario Domínguez” a fin de develar el nombre del galardonado.

Así también, una vez terminado este acto, solicito a las personalidades referidas nos acompañen frente a la estatua del Senador Belisario Domínguez, para el acto de puesta en circulación de las monedas conmemorativas del 150 aniversario de su natalicio y de su centenario luctuoso.

Asimismo, se solicita a nuestros invitados nos acompañen al patio central para las guardias de honor ante la estatua del Senador Belisario Domínguez.

- La C. Secretaria Barrera Tapia: Se les solicita ponerse de pie, a fin de entonar el Himno Nacional.

(Todos de pie, entonan el Himno Nacional)

Favor de tomar asiento.





 

CITA

- El C. Presidente Cervantes Andrade: Se levanta la sesión solemne, y se cita a la sesión ordinaria hoy mismo, en este recinto, una vez que concluyan las ceremonias protocolarias relativas a la sesión solemne.

Que tengan buena tarde.

(Se levantó la sesión a las 12:55 horas)

Directorio

DIARIO DE LOS DEBATES

de la Cámara de Senadores del Congreso
de los Estados Unidos Mexicanos

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