Senado de la República.
LXIII Legislatura, Tercer Año de Ejercicio.
Viernes 25 de mayo de 2018
Gaceta del Senado
    
    

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Martes 11 de Diciembre de 2012
Gaceta: LXII/1PPO-70/38521
Martes 11 de Diciembre de 2012
Gaceta: LXII/1PPO-70/38521

Para turno directo a la Cámara de Diputados


De la Sen. Martha Elena García Gómez, del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional, la que contiene punto de acuerdo que exhorta al Ejecutivo Federal a diseñar una estrategia con perspectiva de género y con presupuesto etiquetado, que contemple las desigualdades y obstáculos a las que se enfrentan las mujeres jefas de familia y las que son víctimas de violencia intrafamiliar; y exhorta a las Comisiones de Equidad y Género y de Presupuesto y Cuenta Pública de la Honorable Cámara de Diputados a asignar en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2013 la etiquetación de recursos para la vivienda de mujeres jefas de familia y las que son víctima de violencia intrafamiliar.

SE TURNÓ A LA COMISIÓN DE EQUIDAD Y GÉNERO DEL SENADO EL PRIMER RESOLUTIVO Y A LA CÁMARA DE DIPUTADOS EL SEGUNDO DE ELLOS.

Sen. Martha Elena
García Gómez

SEN. ERNESTO CORDERO ARROYO.
PRESIDENTE DE LA MESA DIRECTIVA DE LA
CÁMARA DE SENADORES DEL H. CONGRESO DE LA UNIÓN.
P R E S E N T E.

La que suscribe, MARTHA ELENA GARCÍA GÓMEZ, Senadora del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional de la LXII Legislatura, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 8, numeral 1, fracción II, y 276 del Reglamento del Senado de la República, somete a la consideración del Pleno de esta Soberanía, la siguiente proposición con punto de acuerdo, al tenor de las siguientes:

CONSIDERACIONES

La desigualdad de género, surge a partir de las construcciones socioculturales e históricas que transforman las diferencias sexuales en situaciones discriminatorias, las cuales se expresan en la división sexual del trabajo y en un acceso diferencial a los bienes y recursos materiales entre Mujeres y Hombres.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la división sexual del trabajo consiste en la asignación casi exclusiva de las tareas domésticas de carácter reproductivo y de cuidado de las mujeres. Además de otorgarles una sobrecarga de trabajo, que les resta tiempo para la capacitación, la recreación y constriñe sus opciones de incorporarse al mercado laboral formal. Por lo tanto, impide su acceso a puestos de trabajo más diversificados y a la obtención de ingresos suficientes que les permitan acceder en igualdad de condiciones al uso y control de los recursos productivos tales como el trabajo, la tierra, la información, la tecnología, la vivienda o los recursos naturales.

Lo anterior, explica algunas de las limitaciones que tienen las mujeres para generar ingresos y acceder a cuestiones tan básicas como el derecho a la vivienda. No obstante, las mujeres que por diversas situaciones tienen a su cargo la jefatura de su hogar se ven mayormente afectadas que los varones.

La jefatura de hogar desagregada por sexo permite una aproximación al vínculo entre género y pobreza. Datos proporcionados por el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), con base en las estadísticas del Censo de Población y Vivienda 2010, el 24.5% de los hogares mexicanos tienen a una mujer como jefa de familia. Para el año 2008 el ingreso de las mujeres representaba el 70.5% del aporte económico en los hogares que cuentan con ingresos femeninos, es decir, en 7 de cada 10 hogares las mujeres realizan una aportación a los ingresos familiares.


Indicador

Año

Total

Hombres

Mujeres

1 Distribución porcentual de hogares según jefe o jefa

2010

100.00

75.44

24.56

2 Porcentaje de hogares con perceptoras según sexo del jefe

2008

70.51

62.61

94.26

1 Inmujeres, Cálculos a partir de INEGI, Censo Población y Vivienda, 2010.

2 Inmujeres, Cálculos con base en INEGI. Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2008.

En este marco, datos estadísticos diversos revelan que [1]:

De los hogares con jefatura femenina (6.9 millones): 82.3% son familiares y 17.3% no familiares; de los familiares, 56.9% son nucleares, 39.6% son ampliados y 1.7% compuestos; de los no familiares, 94.9% son unipersonales y 5.1 de corresidentes [2].

Lo anterior implica que casi 5.6 millones de mujeres son jefas de familia en hogares que se integran con hijos e hijas, con cónyuges y/o con otros familiares o con personas ajenas a la familia en el menor de los casos. Por otra parte, las que son jefas de hogar no familiar son aproximadamente 1.2 millones que viven solas o que son corresidentes.

En las zonas rurales, aproximadamente el 19.3% de los hogares tienen al frente a una mujer como jefa de familia. Casi el 80% de los hogares rurales jefaturados por una mujer son familiares, es decir, aproximadamente 950 mil mujeres en el sector rural son jefas de hogar que se integran por cónyuges y/o hijos, familiares no nucleares y personas ajenas en algunos casos.

En este sentido, 5.6 millones de mujeres tienen la carga de sostener económicamente un hogar con todo y su familia. Por otra parte, de estas mujeres casi un millón se encuentran ubicadas en el sector rural, donde en ocasiones las condiciones son más desfavorables respecto a los niveles de ingreso.

Asimismo, el trabajo doméstico no remunerado, imprescindible para la supervivencia en los hogares, históricamente se encuentra asignado de manera casi exclusiva a las mujeres.

De acuerdo con datos del INMUJERES, cuando el jefe de la familia es varón, dedica en promedio 13.02 horas a la semana para las labores domésticas, en cambio, la mujer que se encuentra esta misma condición, dedica en promedio 38.19 horas a la semana a este tipo de actividades [3]. Esto constituye un obstáculo para compatibilizar el trabajo reproductivo con el trabajo remunerado, situación particularmente difícil para mujeres jefas de un hogar e implica una sobrecarga de responsabilidades para las mujeres en comparación con los hombres y visibiliza una clara brecha de desigualdad.

Una grave problemática a las que se enfrentan deriva en la posibilidad de acceder a la adquisición de un patrimonio. Esta situación, se agrava cuando las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar permanecen en casas donde en la mayoría de las ocasiones la propiedad es del cónyuge, por lo que las mujeres se ven en la necesidad de permanecer en ellas por no contar con una residencia propia, para ellas y para sus hijos.

Por otra parte, la Ley de Vivienda mandata la creación de una Política Nacional de Vivienda cuyo órgano rector será la Comisión Nacional de Vivienda y del mismo modo, establece la creación de un Programa Nacional de Vivienda.

No obstante, que la ley es clara en que las disposiciones deberán aplicarse bajo los principios de equidad e inclusión social de manera tal que cualquier persona, sin importar su origen étnico o nacional, el género, la edad, la discapacidad, la condición social o económica, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias o el estado civil puedan ejercer su derecho constitucional a la vivienda; las mujeres no acceden por igual a las oportunidades de hacerse de un patrimonio.

Ante la problemática, desde hace varios ejercicios fiscales, la Cámara de Diputados a través de la Comisión de Equidad y Género ha destinado recursos etiquetados específicos para que las mujeres tengan la oportunidad de contar con créditos y/o subsidios para adquirir o remodelar sus hogares.

En este sentido, los recursos etiquetados a la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) se destinan para que las mujeres obtengan créditos para adquisición, mejoramiento, adquisición con lote de servicios o la autoconstrucción de vivienda. Por ejemplo, en 2011 se etiquetaron 2,189.3 millones de pesos de los cuales se ejercieron 2,064.6 millones de pesos en estas actividades dentro del programa esquema de financiamiento y subsidio federal de vivienda. Sin embargo, de acuerdo a la Cuenta Pública 2011, con este recurso se atendió únicamente a 68,862 mujeres y 73,370 hombres. Es decir, a pesar de estar etiquetado para mujeres la CONAVI ejerció este recurso de manera desigual. Sin embargo estas políticas no han sido suficientes para cubrir las necesidades de vivienda del sector de la población antes descrito.

En el ramo de Desarrollo Social se encuentra el Fondo Nacional de Habitaciones Populares (FONHAPO), el cual ejerce dos programas denominados: Programa de Ahorro y Subsidio para la Vivienda Tu Casa y Vivienda Rural, cuyos objetivos son entregar subsidios a la población para contribuir mediante acciones de vivienda a la disminución del hacinamiento y a la carencia de calidad y espacio de la vivienda, de los hogares en pobreza patrimonial. Estos programas también han sido incorporados a los programas con presupuesto etiquetado específicamente para mujeres.

En 2011, el Programa Tu Casa atendió a 39,755 mujeres jefas de familia otorgándoles subsidios para adquisición, mejoramiento o ampliación.

Del mismo modo, el programa Vivienda Rural en 2011, otorgo subsidios en el medio rural a cerca de 38,753 mujeres jefas de familia para la adquisición, ampliación o mejoramiento de vivienda.

Los recursos etiquetados en materia de gasto para la igualdad entre mujeres y hombres en 2011 para estos tres programas ascendió a un monto de 3,077.2 millones de pesos, esto implica que esta asignación del presupuesto, cubrió aproximadamente 110 mil mujeres de acuerdo a la cifras arrojadas en la Cuenta Pública 2011. Es decir, de lo anterior se desprende que estas mujeres fueron beneficiadas en promedio con 27,974 pesos en promedio para adquirir, mejorar o ampliar su hogar.

La situación económica que se vive actualmente implica que dichos recursos son necesarios para que las mujeres y en especial las jefas de familia mejoren sus condiciones de vivienda, sin embargo, estos esfuerzos pueden ser aislados si no se contempla una política pública que visualice las dificultades que presentan este sector de la población.

En ocasiones, las condiciones de las que son sujetas les impiden acceder a las solicitudes de un crédito o subsidio o les dificultan cumplir con los requisitos que se establecen en las reglas de operación.

Por lo anterior, es necesario que la Política Nacional de Vivienda así como el Programa Nacional de Vivienda, establezca una estrategia específica para este sector de la población, en específico para las jefas de familia y aquellas mujeres que son víctimas de violencia y que necesitan de un patrimonio propio para romper con los círculos de violencia que viven en su entorno.

Por lo antes expuesto, presento ante está Honorable Cámara de Senadores la siguiente propuesta con:

PUNTO DE ACUERDO

PRIMERO.- El Senado de la República exhorta respetuosamente al Ejecutivo Federal, diseñe una estrategia con perspectiva de género y con presupuesto etiquetado, que contemple las desigualdades y obstáculos a las que se enfrentan las mujeres jefas de familia y las que son víctimas de violencia intrafamiliar, para su acceso a una vivienda digna y adecuada.

SEGUNDO.- El Senado de la República exhorta respetuosamente a las Comisiones de Equidad y Género y de Presupuesto y Cuenta Pública de la Honorable Cámara de Diputados, a que asigne dentro del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2013, la etiquetación de recursos para la vivienda de mujeres jefas de familia y las que son víctima de violencia intrafamiliar.

Dado en el salón de Sesiones del Senado de la República, a los 5 días del mes de diciembre de 2012.

SEN. MARTHA ELENA GARCÍA GÓMEZ


[1]Disponible en: http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/tarjetas/Hogares.pdf, consultado en octubre de 2012.  

[2] Hogares familiares están formados por personas relacionadas por alguna forma de parentesco; hogares nucleares son hogares familiares formados por una pareja conyugal con o sin hijos y/o hijas solteros (as), o por padre con hijos y/o hijas solteras (os), o madre con hijos y/o hijas solteras (os); hogares familiares ampliados son los que están conformados por un hogar nuclear y algún otro pariente; hogares familiares compuestos están formados por un hogar familiar más alguna persona sin relación de parentesco. Los hogares no familiares se forman por personas que no tienen lazos de parentesco; los unipersonales están formados por una sola persona y los hogares de co-residentes por personas sin lazos de parentesco que comparten la misma vivienda. 

[3] Disponible en: http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/tarjetas/Hogares.pdf, consultado en octubre de 2012

http://www.senado.gob.mx:80/?ver=sp&mn=2&sm=2&id=38521