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Inicio de Sesión:14:08:00

Término de Sesión:15:18:00

Para conmemorar el 80 Aniversario del Exilio Español en México.

SESIÓN SOLEMNE DE LA H. CÁMARA DE SENADORES,
CELEBRADA EL 18 DE JUNIO DE 2019.

PRESIDENCIA DEL SENADOR
MARTÍ BATRES GUADARRAMA

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: (14:08 horas) Con fundamento en lo dispuesto por el artículo 56, fracción III del Reglamento del Senado, y en el acuerdo de la Mesa Directiva para normar esta Sesión Solemne, damos inicio a la misma para conmemorar el 80 Aniversario del Exilio Español en México.

Se abre la Sesión Solemne.

Para esta sesión tenemos invitados especiales.

Por lo tanto, se designa a las Senadoras y Senadores Nestora Salgado García, Ernesto Pérez Astorga, José Erandi Bermúdez, Mercedes del Carmen Guillén Vicente, Giovanna Del Carmen Bañuelos, Gabriela Benavides Cobos, Antonio García Conejo y Sasil De León Villard, así como Margarita Valdez, para que reciban a nuestros invitados.

Se pide a la Comisión que cumple con su cometido.

En tanto, se declara un receso en la Sesión Solemne para esperar a los invitados.

(Receso)

Se reanuda la Sesión Solemne.

Realizamos esta Sesión Solemne.

Se ruega a todas y a todos ocupar sus lugares.

Muchas gracias.

Se solicita a las asesoras y asesores nos ayuden a guardar el debido orden en el Salón de Plenos, y a todas y todos los Senadores coadyuvar con el orden y la atención al desarrollo  de esta Sesión Solemne.

Realizamos esta Sesión Solemne para conmemorar el 80 Aniversario del Exilio Español en México.

Doy la bienvenida al licenciado Juan López-Dóriga Pérez, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino de España en México.

Bienvenido, Embajador.

(Aplausos)

Nos acompañan las señoras y señores Aída Pérez Flores Valdés.

(Aplausos)

Fernando Serrano Migallón.

(Aplausos)

Rosa María Catalá.

(Aplausos)

Antonio Elguera.

(Aplausos)

Héctor Díaz Polanco.

(Aplausos)

Consuelo Sánchez.

(Aplausos)

Rafael Barajas.

(Aplausos)

José Yuste del Corral.

(Aplausos)

Emilio Gironella.

(Aplausos)

Josefina Tomé.

(Aplausos)

Y Julián Atilano.

(Aplausos)

También nos acompaña Juana Serra Altimira.

(Aplausos)

María Antonia Yuste.

(Aplausos)

Marco Antonio González Pérez.

(Aplausos)

Isaac García Venegas.

(Aplausos)

Jahome Segura.

(Aplausos)

María Luisa Capella.

(Aplausos)

María de Orduña.

(Aplausos)

Almudena de la Iglesia.

(Aplausos)

María Fernanda Estévez Mauris.

(Aplausos)

Nicolás Morris Gómez.

(Aplausos)

Paloma Porraz.

(Aplausos)

Y Ana Portello.

(Aplausos)

Sean todas y todos ustedes bienvenidas y bienvenidos.

Distinguidos invitados, están presentes en el presídium de esta Sesión Solemne la Senadora Mónica Fernández Balboa, Vicepresidenta.

(Aplausos)

La Senadora María Guadalupe Murguía Gutiérrez, Vicepresidenta.

(Aplausos)

Asimismo, la Senadora Verónica Delgadillo García, Secretaria.

(Aplausos)

La Senadora María Antonia Cárdenas Mariscal, Secretaria.

(Aplausos)

La Senadora Verónica Camino Farjat, Secretaria de la Mesa Directiva.

(Aplausos)

Señoras y señores:

Hoy recordamos la hazaña diplomática e histórica que significó el exilio español tanto para México como para España, el año de 1939, particularmente el 13 de junio con la llegada del barco el Sinaí a Veracruz, con alrededor de mil 600 refugiados españoles que fueron acogidos por el gobierno mexicano, es emblema del exilio.

Si bien ese día se ha considerado como una fecha representativa del exilio español, cabe señalar que los primeros refugiados españoles llegaron a México un poco antes en 1937, los niños de Morelia.

Y en 1938 diversos intelectuales que coadyuvaron a fundar la casa de España en México.

En cualquier caso, se trata de un acontecimiento fundamental para la historia de nuestro país.

Con ese motivo, el Pleno del Senado de la República ha determinado conmemorar el 80 Aniversario de este acontecimiento histórico, pues a partir de dicho suceso se imprimió una nueva influencia en la historia de México y nuestro país se caracterizó como un país de asilo de protección de los derechos humanos y de la libertad. Esta es también una oportunidad para agradecer al exilio español por sus enormes aportaciones a nuestro país.

Muchas migraciones constituyen elementos fundamentales para el enriquecimiento de las naciones y el exilio español es acaso el ejemplo más emblemático de nuestra historia.

Como lo dispone el acuerdo aprobado para normar esta sesión, se concederá el uso de la palabra a los siguientes exiliados y descendientes: Julián Atilano Atilano, Fernando Serrano Migallón, Consuelo Sánchez y Elvira Concheiro.

Tiene la palabra el señor Julián Atilano Atilano.

El Sr. Julián Atilano Atilano: Señores, muy buenas tardes, les deseo de todo corazón, especialmente al Senador Batres, y en general al pueblo de México, y al ex Presidente Lázaro Cárdenas.

Para mí es un motivo enorme de satisfacción haber llegado de niño de once años que venía yo en el barco después de una guerra espantosa y cruel en España, en campos de concentración en Francia y de repente a través de los funcionarios del General Cárdenas nos dan el pase a la Ciudad de México, fue como abrirnos el camino para solventar la situación que teníamos.

Y fue maravilloso que en el barco venían profesores, venía la banda Madrid, venían muchos funcionarios de la época y muy queridos, nos hablaron de México, nos hablaron de su libertad, de su gente, del sol que tenía México, y lo pudimos comprobar a través que el barco se iba acercando a Veracruz.

Llegar a Veracruz fue como de la noche al día, de venir de una oscuridad a tener una libertad tremenda.

El desarrollo que tuvimos cuando la gente nos brindó la amistad que nos ha venido nos hizo que en el corazón llenara una vez más de lágrimas, lágrimas que habíamos dejado cuando el barco pasó las costas españolas y decíamos todos: “Adiós España, cuándo te volveré a ver”.

Cuando empezó la banda en Madrid a tocar música española fueron lágrimas y lágrimas y lágrimas; al llegar a Veracruz fueron lágrimas de alegría.

No fue lo mismo al llegar al Distrito Federal donde había un plan reacio por la industria y el comercio en general, no nos tenían confianza y era perder mucho el tiempo, todos queríamos trabajar, queríamos rehacer nuestras vidas y volver a ser como humanos, tener qué comer y tener que elegir las cosas.

Con el tiempo pasó, nos fueron adquiriendo la confianza las gentes. Y unos mal y otros bien, tuvimos mucha suerte, yo fundamentalmente en lo persona tuve trabajos muy buenos que me dieron mucha satisfacción tanto monetaria como del sistema de ventas.

Esto motivó que pudiéramos ayudar a nuestros padres a rehacer también su vida y a crear un nuevo hogar en México.

Con el tiempo pasaron los años, tuve una novia, me casé, formé una nueva familia y fueron años de sumamente felicidad hasta que vino la tristeza, fallecieron mis padres, fallecieron mis hermanos, falleció mi esposa, y hoy gracias a las nuevas generaciones de hijos, nietos, bisnietos y sobrinos podemos seguir luchando y salir adelante.

Esto todo se lo debemos, y vuelvo a repetir, al querido General Lázaro Cárdenas, al pueblo de México.

(Aplausos)

Al pueblo de México que nos abrió las puertas, nos trató como verdaderos hermanos y pudimos salir adelante.

Hoy en día, vuelvo a repetir, gracias a nietos, bisnietos, sobrinos puedo reseguir resistiendo y tratar de romper el récord de años vividos, años que los deseo y quiero seguir luchando, como fue toda mi vida de mucho trabajo, mucha lucha, pero salir adelante.

Gracias, Senador Batres.

Gracias al General Cárdenas.

Gracias al pueblo de México.

Gracias a ustedes.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchísimas gracias a don Julián Atilano Atilano.

Tiene ahora la palabra Fernando Serrano Migallón.

Adelante, por favor.

El Sr. Fernando Serrano Migallón: Señoras y señores Senadores.

Señoras y Señores:

El exilio es ese desprendimiento en el que se mezcla el dolor y la esperanza, el despojo y el renacimiento.

El exilio es un fenómeno múltiple, personal e íntimo, pero al mismo tiempo es social y colectivo, es un hecho político, histórico que pone en evidencia la irrupción de la violencia en la vida pública, la irracionalidad en sus relaciones y el hecho perverso al fin de que un estado persiga a quienes por su naturaleza debería proteger.

El exilio es también un fenómeno cultural que demuestra la persistencia de la memoria, la voluntad de vivir y la riqueza de la civilización, que acepta mestizajes, combinaciones y diálogos para generar frutos que se prolongan a lo largo del tiempo.

Desde poco antes de que fueran disparadas las últimas balas de la Guerra Civil Española, a diversos puntos de la geografía europea americana, fueron expulsadas de su patria poco más de 500 mil personas.

Una radiografía social e ideológica de la España de antes de la guerra cruzó las fronteras desde los republicanos de derecha hasta los de extrema izquierda, desde el profesor universitario y el científico hasta el labrador y el obrero; desde familias completas hasta individuos en solitario; niños, cuyos padres querían darles un lugar para crecer con libertad, hasta ancianos que aspiraban a un lugar para poder morir con dignidad.

Lo más insólito de este exilio es que por primera vez en la historia un Estado completo con todos sus órganos legítimos, con capacidad jurídica plena tuvo que instalarse fuera de su territorio para seguir existiendo.

Salieron los titulares de las tres altas magistraturas del Estado:

Los presidentes de la República, del Gobierno y de las Cortes.

El Gobierno en pleno.

Los presidentes y los gabinetes íntegros de las dos regiones autónomas reconocidas por la República.

Los Poderes Legislativo y Judicial en número tal que sus sesiones eran legítimas y sus decisiones válidas.

En España quedó una sociedad amordazada y temerosa.

Las cifras más conservadoras nos ofrecen la visión de un panorama desolador, 500 mil muertos durante la guerra, tanto en los campos de batalla como en la guerra soterrada que se libró en las calles de las ciudades y de los pueblos.

500 mil exiliados; 2 millones de presos, la mayoría de ellos sin juicio, ni acusación, ni delito; 200 mil de ellos serían fusilados y ejecutados entre 1939 y 1949; y de 1949 a 1975, año de la muerte del dictador, 80 mil desaparecidos.

España entró en una larga noche donde la luz era un privilegio, la palabra una osadía; y bajo la triste fachada del orden y la promesa del progreso material la represión encerraba a una sociedad que no podía ni querer verse a sí misma de esa manera.

México era entonces un país que terminaba el período armado de una de sus revoluciones, la primera revolución social de la historia.

Era un país en pleno crecimiento, dispuesto a volver a los escenarios internacionales, a construir el futuro por el que habían dado su vida mujeres y hombres de todas las condiciones sociales.

El 1º de abril de 1939, el General Franco anuncia el final de la Guerra Civil, pero en realidad lo que anunciaba era el inicio de una represión política y social sin antecedentes en la península.

En terror, el miedo y el control político e ideológico se enseñorearon en el país.

La España Peregrina en México estuvo constituida entre 18 mil y 20 mil familias que hicieron de México su nueva patria, un pueblo que nunca dejó del todo la patria a la que habían sido obligados a abandonar y que fue integrándose poco a poco al nuevo país que muchos ya no quisieron, ni pudieron salir.

Hoy hay que reconocer que para España el exilio está muerto, murió a fuerza de traiciones y de olvido, los republicanos fueron derrotados una y otra vez: primero, al ver perdida la república luego de una guerra injusta; después al presenciar que los arreglos internacionales entre los aliados triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, permitieron sobrevivir al fascismo en España, otra vez fueron traicionados en la transición que estableció la democracia española para instalar una monarquía sin discusión y, por fin, excluidos cuando el socialismo triunfante, no permitió la participación en la historia de España.

Olvidados, en fin, en un país en el que ya no podían reconocerse y no les quedaba más patria que México.

Sin embargo, para México el exilio español vive, extraña paradoja de la historia.

En México el exilio republicano vive no sólo en la tercera generación de mexicanos de origen español, sino en su legado ideal democrático, de honor y de  colaboración con el pueblo que fue, en un primer tiempo su refugio, después su casa y ahora su patria.

Este drama histórico se desarrolló en cuatro etapas claramente definidas, todas ellas marcadas por el ritmo de la política internacional y del desarrollo de la situación en España, todas ellas abrigadas por un país que lentamente dejó de ser asilo para convertirse en patria.

Entre la primera etapa ocurrida entre 1937 y 1944, el exilio sale al encuentro del país que los abriga, en aquel tiempo se pensaba que todo era temporal y todos esperaban que una vez terminada la guerra, los aliados provocarían la caída de Franco y el paso por México sería una anécdota llena de afecto  y de agradecimiento.

En esa primera etapa  de encuentro se convierte en esperanza unos años después, entre 1944 y 1953, al compás de una guerra fría, en que las democracias estaban siendo apoyadas por los países triunfantes, y no parecía creíble que una dictadura fascista sobreviviera en Europa Occidental, fue así, y Franco se perpetuó en el poder.

Esta segunda derrota se llamó desilusión y entre 1953 y  1975, causas geopolíticas, intereses económicos y estrategias militares, confirmaron al gobierno espurio de la península y lo admitieron, aunque nunca con plenitud y siempre con reservas, dentro de la familia de las naciones.

Sabiéndose derrotados una vez más, conscientes de que mientras Franco viviera, no habría retorno posible, el exilio fue haciéndose cada vez más  mexicano, nacieron los descendientes ya mexicanos  y España se volvió bandera moral de añoranza de otros tiempos.

Ya entre 1975 y 1978, la reconstrucción de España, parecía una fuente más de esperanza y, sin embargo fue la derrota postrera  y el inicio del olvido, que hoy contribuimos a  sustentar.

Durante décadas se apreció el exilio republicano español, exclusivamente como un exilio intelectual, como el de los intelectuales por excelencia, en cierta forma lo fue, pero considerarlo sólo de este modo, significa omitir un profundo contenido humano y un esfuerzo desinteresado por salvar familias y seres humanos, sin importar su ocupación, su orientación política o su grado de estudios.

Al proclamarse la República, la mitad de la población española era analfabeta, los intelectuales representaban solamente el 1 % de la población, el rostro del exilio fue, pues, el del sufrimiento humano, el de la búsqueda de la vida y la libertad,  el que no aparece en los libros de historia, pero que hace la historia y la recuerda.

Desde el punto de vista intelectual, el 10 % del total, de los que llegaron se dedicaban a labores educativas, artísticas y literarias, ellos encontraron en México un lugar para continuar sus labores y un terreno fértil para sus reflexiones.

Fue creada la casa de España, hoy Colegio de México, epónimo de esa migración creativa, la mayor  parte de sus miembros integraron a la Universidad Nacional Autónoma de México, en un porcentaje del 20 % del profesorado de aquella época y en facultades como la de Filosofía y Letras y la de Derecho, ese porcentaje llevó al 20 %.

En el Instituto Politécnico Nacional a 18 %, y en mejor medida  en instituciones de educación en los estados.

Los republicanos llegaron a México y le legaron una nueva visión desde España que llevaban consigo, una visión que encarnaba la libertad, la dignidad humana, el respeto y la vida, y los mejores valores de occidente, en la memoria de los mexicanos dejaron constancia de un espíritu republicano que mostraron con orgullo y con dignidad y desalojaron, por lo menos en parte la leyenda negra que justificadamente o no, formaba parte de un sentimiento generalizado.

Fue la raíz de un nuevo humanismo, humanismo laico que llegaría hasta la vida diaria del país para entrar en diálogo con la tradición liberal mexicana, para los mexicanos también representan la conciencia de lo que es la democracia y de todo lo que se pierde cuando se pierde a la propia democracia.

El apoyo y la solidaridad de México con la República Española, no se redujo a la atención y protección irrestrictos y solidarios con los emigrados.

Desde el punto de vista político y diplomático, a todo lo largo de la guerra y posteriormente durante los 40 años de dictadura, México mantuvo relaciones diplomáticas plenas con el gobierno republicano español en el exilio, relaciones que se suspendieron cuando en España, por primera vez, desde febrero de 1936, se convocó a unas elecciones libres para integrar unas Cortes constituyentes que dieron origen a la actual Constitución española.

Una vez instalado el Congreso Constituyente, las instituciones republicanas, dieron  por terminadas su misión de preservar, guardar y enaltecer la votación democrática del pueblo español.

Y en el mensaje de disolución del gobierno republicano se terminó con uno de los viejos paradigmas que los pregoneros y heraldos de la España medieval recorrían todos los pueblos y todas las ciudades.

La República ha muerto.

¡Viva la República!

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias, a Fernando Serrano Migallón, quien es académico de número de la Academia Mexicana de la Lengua y de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, fue director de la Facultad de Derecho de la UNAM  y funcionario del Poder Legislativo Federal.

Muchas gracias.

También  don Julián Atilano Atilano dice que se le olvidó mostrar la fotografía, pero al final de las intervenciones, la podremos mostrar aquí arriba, don Julián, con todo gusto.

Vamos a escuchar la intervención  de la antropóloga Consuelo Sánchez, es doctora también en estudios latinoamericanos, investigadora del SIN, y exdiputada constituyente de la Ciudad de México.

Adelante.

La Sra. Consuelo Sánchez Rodríguez: Fue improvisada esta participación, nos pidieron en este momento dar unas palabras sobre lo que significó y han significado los 80 años del exilio español, y habría que decir quiénes fueron aquellos que llegaron hace 80 años y después a nuestra patria, eran aquellos que, como dijo el poeta, que iba en el barco, no venimos a conquistar, venimos a que México nos conquiste.

Y en efecto, esto nos refiere a dos tipos de españoles y presencia del español en México, aquellos conquistadores, representantes de una España, de una España colonialista, imperial, que fue la que   llegó a México en el siglo XVI, a conquistar, a colonizar; los que vinieron en el exilio español de 1936, 1937, 1938 en adelante, fueron estos revolucionarios, republicanos, libertarios que venían de luchar y de intentar construir una patria, una sociedad justa, libertaria, de justicia social y que fue derrotada, derrumbada por los ejércitos de la muerte, del fascismo, del General Francisco Franco.

Fueron ellos los que después lucharon contra el fascismo en la propia España y fuera de ella. Fueron ellos, pues, los que vinieron a México, esa España, esa otra España revolucionaria, republicana, libertaria de hombres, mujeres, trabajadores, intelectuales, poetas, escritores, artesanos, campesinos, que llegaron a esta patria, México, para construir junto con los mexicanos y para ser conquistados por los mexicanos.

Y el General Cárdenas entendió muy bien lo que estaba en juego en esa España y lo que estaban haciendo los republicanos en España. Los republicanos se estaban peleando contra el fascismo, no solo en España, sino su proyección por el resto de Europa y del mundo.

Por eso el General Lázaro Cárdenas desde el principio se pronunció a favor de los republicanos y en contra del fascismo, y en todo tiempo apoyó la lucha de los republicanos. Además, abrió las puertas de este país generosamente a aquellos exiliados que venían de pelear contra el fascismo y que habían sido derrotados.

Fíjense, Alemania e Italia, que participaron en la guerra en España apoyando a Francisco Franco, ellos finalmente después fueron derrotados, pero en España no se logró derrotar al fascismo, ahí siguió Francisco Franco hasta su muerte en los años setentas del siglo pasado.

Pero lo interesante también es la política del General Lázaro Cárdenas, su política internacional es un gigante, la verdad fue un gigante; supo, fue visionario, supo en todo momento lo que se estaba poniendo en juego en España a nivel global y también en su política de exilio, de abrir las puertas generosamente a aquellos que necesitaban una nueva patria.

Y no solamente él, es el pueblo mexicano también, porque aquí encontraron, en este pueblo, amor, un pueblo amoroso, un pueblo solidario, revolucionario. Acababa de pasar México por un proceso revolucionario, pero también había su parte conservadora en México que se oponía al exilio de los españoles, incluso de atender a los niños que venían de la guerra.

De modo que tenemos mucho que aprender de esa política, de este gobierno de Lázaro Cárdenas, de apertura y de tener una visión certera respecto de cuál es la posición que se debe tomar en determinados momentos de crisis mundial y también de apertura al exilio, de hecho fue lo que pasó en nuestro país a raíz del exilio español.

Vinieron otros exilios de América Latina, todos ellos han contribuido enormemente a la cultura de este país, todos ellos se integraron y también se enriquecieron con la cultura que se estaba desarrollando en nuestro país con los grandes pintores, escritores, poetas, etcétera. Ahí hubo una convivencia cultural extraordinaria.

Yo agradezco mucho al Presidente Martí Batres y a todos ustedes por la conmemoración de los ochenta años del exilio español.

¡Viva México!

¡Viva el exilio español!

Gracias.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias.

Vamos a escuchar a la profesora investigadora del Sistema Nacional de Investigadores, la doctora en Sociología y académica de la UNAM, Elvira Concheiro.

Adelante, por favor.

(Aplausos)

La señora María Elvira Concheiro Bórquez: Muchísimas gracias.

Es, desde luego, un gran honor poder hacer uso de la palabra en esta Sesión Solemne. Muchas gracias al Presidente de la Mesa Directiva del Senado y a todos ustedes.

Creo que tuvieron que pasar casi ocho décadas para que pudiéramos hacer no solamente este homenaje, sino este reconocimiento, esta apropiación plena de lo que fue un acontecimiento histórico que es de la mayor importancia.

La República española sigue siendo un ejemplo de lo que es la construcción de una República social, democrática, de derechos, en la que un pueblo que venía sufriendo la monarquía desde tiempo inmemorial, un pueblo que se veía reflejado en las acciones de esa República, que echó a andar la imaginación, echó a andar el conocimiento, echó a andar a un pueblo entero en la construcción de su destino.

Es eso lo que aplastaron en 1939 los fascistas, por eso no es casual que hoy, a casi 80 años, podamos reconocer que en este momento en nuestro país se abren espacio grandes transformaciones en un sentido o en una inspiración, que yo diría es el de la República española.

Y, como hija de un refugiado comunista español, me siento extraordinariamente honrada y orgullosa que esté en esta máxima representación, pudiendo quedar ese homenaje y ese agradecimiento a un exilio que, efectivamente, no solamente eran las grandes personalidades intelectuales o artísticas que convocó aquella República, que animó a que participaran y fueran constructores de la Nueva España, sino también al pueblo, a ese pueblo que estaba siendo expresión o reflejo la República española.

También aquí hace 80 años hubo una reacción, una reacción que se opuso a que esos españoles fueran recibidos, esos españoles revolucionarios que llevaban años de sufrimiento en una guerra desigual e injusta, esa reacción fue vencida por el pueblo de México; desde luego que estuvo la política del General Cárdenas, la política del Servicio Exterior, con Bosques a la cabeza, del cual nos sentimos muy orgullosos, pero poco se habla de la lucha que dieron trabajadores, campesinos de las izquierdas mexicanas porque se aceptara ese exilio.

(Aplausos)

Hoy podemos decirlo con todas sus letras, gracias a esas izquierdas, gracias a ese pueblo  mexicano que desde entonces sabía reconocer, en los exiliados, a lo mejor de España.

Muchas gracias.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias, doctora Elvira Concheiro.

Tiene ahora el uso de la palabra el licenciado Juan López-Dóriga Pérez, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino de España en México.

Adelante, embajador.

El Embajador, Juan López-Dóriga Pérez: Señor Presidente de la Cámara de Senadores.

Señoras Senadoras, señores Senadores.

Señora Vicepresidenta del Ateneo Español.

Señora directora del Colegio Madrid.

Miembros todos de la comunidad de exiliados.

Señoras y señores:

Hace 80 años acabó la Guerra Civil que expulsó de España a casi medio millón de personas, hace 80 años lo que José Bergamín llamó “la España peregrina”, y León Felipe, “la España del éxodo y del llanto”.

Una parte de esa España llegó a México y antes de que los republicanos españoles hicieran a México suyo, México hizo suyos a los republicanos españoles.

Como decía Eulalio Ferrer, que fue Presidente del Ateneo: “Cambiamos simplemente de tierra, en vez de perder una patria la ensanchamos”. Y México se convirtió en la patria del exilio español.

Decía un gran poeta español, Luis Cernuda, sobre sí mismo: “El sentimiento de ser un extraño que durante tiempo atrás te perseguía por los lugares donde viviste, ahí, aquí en México, callaba, al fin dormido, estabas en tu sitio o en un sitio que podía ser tuyo, con todo o con casi todo concordabas y las cosas, aire, luz, paisaje, criaturas te eran amigas. Igual que si una losa te hubieras quitado de encima, vivías como un resucitado”.

Como dijo nuestro Presidente del gobierno: “México, permitió a miles de españoles resucitar”.

“España que perdimos no nos pierdas, pidió Pedro Garfias en el poema que escribió a bordo del Sinaia, no queremos perderla”. Por eso el gobierno quiere recuperar la memoria del exilio republicano para España.

Como dijo Pedro Sánchez, el Presidente del gobierno durante décadas: “Un puñado de investigadores se ha dedicado a mostrar el legado de aquellos hombres y mujeres, ha llegado el momento de que sea el Estado el que rinda homenaje al exilio y haga todo lo posible para darlo a conocer entre los españoles de hoy”.

Por eso conmemoramos los 80 años con un discurso del Presidente del gobierno en el Colegio de México en enero pasado. Por eso el Presidente quiso visitar el Ateneo español en el 70 aniversario de su fundación. Por eso visitó el Campo de Concentración de Ohrdruf donde está enterrado Antonio Machado y Monto Bou, donde el Presidente Azaña fue enterrado con la bandera de México.

Por el eso el gobierno se ha hecho presente en Moscú y en el Campo de Concentración de Naudhausen. Por eso se hará presente este verano en París, a cuya liberación contribuyeron tantos republicanos españoles. Y por eso estuvieron aquí en Veracruz, la semana pasada, la Secretaria de Estado por la España Global y la Subsecretaria de Justicia y Presidenta de la Comisión de la Memoria Histórica.

Señoras y señores, nací en 1959, recuerdo con mucha emoción las imágenes del retorno de los exiliados; la tarea de mi generación ha sido la construcción de la democracia española, una democracia para la que, decían algunos entonces, no estábamos preparados y, sin embargo fue posible, una democracia que encarnó tanto de los valores y de las ansias de libertad de los exiliados españoles.

Como Embajador de España y con un nudo en la garganta, quisiera rendir homenaje al exilio con unas palabras de Adolfo Sánchez Vázquez, pronunciadas hoy hace exactamente 30 años en el Puerto de Veracruz, como españoles, decía: “Que hemos llegado a ser mexicanos y, como mexicanos que no pueden olvidar sus raíces y los vientos que nos trajeron al exilio, hoy proclamamos nuestra más alta contribución a hacer realidad el encuentro entre España y México que Pedro Garfias contó o soñó al iniciarse nuestro exilio. El exilio ha supuesto, en efecto, una tapa renacentista de las relaciones entre España y México”.

Y como Embajador de España quiero reconocer, una vez más, nuestra deuda con este país, una deuda que, como decía el Presidente del gobierno, no se puede pagar o puede pagarse solo con gratitud.

Al Presidente Lázaro Cárdenas, y quisiera añadir, a su esposa Amalia Solórzano, que en 2007 recibió la Gran Orden de la Orden de Carlos III, la condecoración más alta que otorga el gobierno de España; a los diplomáticos mexicanos, y quisiera citar hoy especialmente a Gilberto Bosques, al pueblo de México y ya hoy al gobierno de México y al Presidente de la República que nos invitó a conmemorar este aniversario en el Palacio Nacional la semana pasada, al canciller Ebrard que nos acompañó a Veracruz, al ingeniero Cárdenas, a todos ustedes, al Presidente del Senado que nos convoca hoy por segunda vez y que ha escrito varios artículos, ha querido escribir varios artículos sobre este aniversario.

Señoras y señores, mi agradecimiento es infinito, llevamos a México en el corazón. Y para terminar me voy a hacer eco de las palabras finales del Presidente de la República en su alocución del pasado jueves:

“Viva México”.

“Viva el exilio español y viva España”.

Muchas gracias.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias al Embajador del Reino de España en México.

Tiene ahora la palabra el Senador Héctor Vasconcelos, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de la República.

El Senador Héctor Vasconcelos: Señor Presidente del Senado de la República.

Excelentísimo señor Embajador del Reino de España.

Señoras y señores:

En torno a la efeméride que nos convoca esta tarde, mucho hemos celebrado el legado del exilio español en México, cristalizado en la creación de la Casa de España, hoy Colegio de México, en las artes y en tantas generaciones de mexicanos formados bajo el influjo de grandes maestros, como José Gaos, Manuel Pedroso o Ramón Xirau.

Pero yo quiero traer a la memoria, esta tarde, lo que significó y estuvo en juego en esa trágica confrontación entre hermanos, que fue la Guerra Civil española, ese trance, suerte de ensayo general de la guerra más devastadora de la historia, no fue menos que la lucha entre dos visiones del mundo: La modernidad democrática, liberal y tolerante, por una parte.

Y por la otra, la regresión hacia lo más oscurantista del medioevo en pleno siglo XX, cuando la civilización occidental en su conjunto avanzaba hacia el secularismo, las libertades y, en suma, hacia la sociedad abierta.

Fue la disyuntiva entre la aceptación de la modernidad y el repliegue a la edad media, porque se trató de una defensa intelectual y moral del mundo moderno, se lanzaron a esa lucha, espontáneamente, muchos de los mejores espíritus de la época, entre ellos nuestro Octavio Paz.

Del otro lado de la trinchera, un futuro tirano, sostenido en un principio por el nazi fascismo que  representaba la más radical negación de los valores de occidente que ha ocurrido en la historia, negación tanto de los valores judeocristianos, como de los grecorromanos.

La feroz dictadura resultante de la Guerra Civil impuso a ultranza una sola religión, cuando occidente, salvo en los países fascistas y soviéticos avanzaba hacia la libertad para pensar.

Por ello, lo mejor de la intelectualidad española defendió a la República. Pienso en García Lorca, en Picasso, en Buñuel, en Dalí, en Cernuda, y tantos otros que conformaban la vanguardia del pensamiento y las artes.

Toda esa defensa de la libertad se resume en la célebre frase de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”.

Como resultado de esa guerra, España cayó en una larga penumbra de aislamiento y represión, y ya sabemos que cuando España ha abrazado al diversidad, se ha engrandecido, pero cuando se ha cerrado como en el período 1939-1975, se ha vuelto irrelevante y agenda a la cultura contemporánea de Europa. Fue sólo al final de ese período sombrío cuando España vivió un florecimiento sin paralelo en su historia moderna.

Gracias al general Cárdenas México puso oponerse del lado correcto de la historia, y apostó por el futuro y no por la reacción a éste.

Honorable Asamblea:

Larga vida a la España libre y diversa. Larga vida a los múltiples vínculos actuales entre España y México.

Es cuanto, Senador Presidente.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias, Senador Vasconcelos.

El apasionante tema del exilio español puede abordarse desde diversos enfoques. Podemos hablar de la hazaña diplomática que significó ese episodio, también de la visión y del humanismo del General Lázaro Cárdenas. Asimismo, de la fascinante utopía de la República Española que buscó combinar dos grandes utopías: la de la igualdad y la de la libertad.

Pero también podemos hablar del aporte del exilio español a México. Es frecuente escuchar a nuestros amigos exiliados españoles y sus descendientes hablar con profundo agradecimiento a México por haberles abierto las puertas en aquellos días terribles.

Son constantes los discursos que enaltecen y rinden homenaje a mexicanos tan destacados como Narciso Bassols, Gilberto Bosques, Daniel Cosío Villegas, y evidentemente el General Lázaro Cárdenas del Río.

No obstante, podríamos plantear la situación en términos inversos, México tiene mucho que agradecer al exilio español. Podríamos decir que a través el mismo llegó a nuestro país en un momento determinado una parte de lo mejor de la España de aquel entonces.

La gente que representaba los más altos valores de libertad, de igualdad, de fraternidad, la primera línea de lucha contra el fascismo, los visionarios que habían derrocado pacíficamente a una monarquía no eran sólo intelectuales, había también miles de trabajadores agricultores, comerciantes, profesionistas, empresarios.

En efecto, personajes como José Moreno Villa, Adolfo Salazar, José Gaos, Enrique Diez Canedo, Juan de la Encina González, Gonzalo Lafora, Antonio Madinaveitia, Joaquín Shirao, Eugenio Imaz llegaron a enriquecer la vida de la Casa de España en México, que se convertiría después en el Colegio de México.

En la UNAM, particularmente la Facultad de Filosofía y Letras encontramos a Adolfo Sánchez Vázquez, a José Miranda, Juan Antonio Ortega y Medina, Carlos Poch García, Luis Rius, Arturo Soto, y otros que al decir de José Antonio Matesanz configuraron un verdadero linaje intelectual.

Adolfo Sánchez Vázquez menciona también a Rafael Altamira, Juan David García Vaca, Juan Comas, Agustín Millares Carlo, Luis Cernuda, José Ignacio Mantecón, Juan Ortega y Medina, César Rodríguez Chicharro.

También llegaron a México los poetas León Felipe y Agustín Bartra, el cineasta Luis Buñuel; los pintores Ramón Galla y Remedios Varo; los juristas Luis Recasens, Aurora Arnaiz; los arquitectos Francisco Azorín, Félix Candela, Óscar Col, Jesús Martí; los escritores José Bergamín y Max Au.

El economista Antonio Sacristán, y muchos más.

Debemos recordar también a Wenceslao Roses, Francisco Giral, Eduardo Nicol, Tomás Espresate, José María Muria, y otros.

Muchos exiliados que llegaron siendo niños, y muchos hijos y nietos de exiliados construyeron interesantes trayectorias en la vida cultural, académica, profesional periodística, o política de México.

Tenemos a Trinidad Martínez, una de las fundadoras del CIDE. El publicista Eulalio Ferrer, el documentalista Demetrio Bilbatúa, el periodista Luis Suárez, el arquitecto Imanol Ordorika, el abogado laboralista Néstor De Buen, así como los fotógrafos hermanos Mayo, cuya más reciente generación se apellidaba Souza, en realidad.

El Escritor Paco Taibo, el político Jaime Serra Puche, la actriz Ofelia Guilmáin, la activista en derechos humanos Teresa Yardí; los pintores Vicente Rojo, Alberto Gironella, Teresa Martín, el cineasta Carlos Mendoza, el editor del Fondo de Cultura Económica, Martí Soler.

Y entre otros descendientes destacados encontramos también a muchos de los presentes que han sido mencionados y son nuestros invitados especiales el día de hoy, así como a Francisco Barnés de Castro, Sergio Sarmiento, Paloma Sáez, Fabricio Mejía, Alfonso Suárez del Real, María Espinasa, Eduardo Vázquez, Antonio Pérez Claudín, y muchos otros.

Muchos trabajadores también, maestras de primaria, agricultores.

Los exiliados y sus descendientes levantaron en México escuelas como el Colegio Madrid, el IE, el Luis Vives, el Bartolomé Cosío, el Herminio Almendros.

Editoriales como Era, Costa Amic, Patria, Grijalbo, Seneca; librerías como Bonilla, las de Cristal, empresas como Somex, Vulcano; alimentos Ibarra, la Compañía Lírica.

Instituciones como el Ateneo Español y muchos espacios icónicos más.

Dónde está el secreto de los aportes de una comunidad que aportó tanto a México, tal vez en lo que dijimos al principio, que trabajó, luchó, transformó España y luego se trasladó a México.

En esta hora de México recordamos que en aquel momento de la España republicana muchos intelectuales mexicanos se trasladaron a los encuentros antifascistas de aquel entonces, como Juan de la Cabada, José Chávez Morado, Silvestre Revueltas, Carlos Pellicer, Elena Garro, Octavio Paz, entre otros, y que lucharon en el frente de batalla intelectuales o artistas, como David Alfaro Siqueiros, encontrándose con muchos otros personajes como George Orwell, Ernest Hemingway, en aquella batalla de la República española.

En esta hora de México y del mundo vale la pena subrayar que el exilio español nos recuerda que las migraciones enriquecen a las naciones, las hacen más grandes y más fuertes.

¡Que viva México!

¡Qué viva el exilio español!

¡Y que viva España!

Muchas gracias.

(Aplausos)

Así damos por finalizada la Sesión Solemne.

Se solicita a las señoras y señores Senadores permanecer en sus lugares para continuar con la sesión extraordinaria del día.

Así damos por finalizada la sesión solemne.

Se cita a las señoras y señores Senadores permanecer en sus lugares para continuar con la sesión extraordinaria del día.

Se levantó la sesión a las 15:18 horas.

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