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Intervención de la Senadora Sonia Mendoza Díaz



Sen. Sonia
Mendoza Díaz


Grupo Parlamentario del
Partido Acción Nacional
San Luis Potosí
Senadora Electa por el Principio de Mayoría Relativa
Suplente: Vianey Montes Colunga

Av Paseo de la Reforma No. 135, Hemiciclo Piso 5 Oficina 30, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, Cd. de México, C. P. 06030.

Tel: 01 (55) 53-45-30-00 Ext. 3403 Fax: 3008

E-mail: sonia.mendoza@senado.gob.mx

Integración en Comisiones.

Intervencion del día Martes 17 de octubre de 2017


Intervención

En conmemoración del sexagésimo cuarto aniversario del derecho del voto a la mujer en México.

La Senadora Sonia Mendoza Díaz: Buenas tardes.

Saludo con respeto a nuestras invitadas e invitados especiales.

Con permiso de la Presidenta.

El 17 de octubre es un día inscrito en la memoria de todas las mexicanas y los mexicanos, porque es una fecha grabada con la sangre de las congéneres que nos precedieron, para que esta mañana y desde hace 64 años, las mujeres podamos ocupar las más altas tribunas políticas de nuestro país a través del sufragio.

Los episodios históricos como la Revolución Mexicana reivindican a los seres, incluso con letras de oro en los recintos, en las tomas de decisiones, pero olvidan a las mujeres que en la lucha cruenta hicieron valer sus ideas, fueron el soporte de la población civil y colaboraron en la redacción de proyectos y planes entre los cuales estaba la exigencia de sus nombres en la boleta electoral.

La historia sepulta el abuso, la persecución y el terror que vivieron miles de mis compañeras a quienes hoy debo gratitud y honor, porque la voz que a ellas les fue negada, a mí me obliga a nombrarlas:

Hermila Galindo, Helena Torres, Eulalia Guzmán, Luz Vera, Aurora Herrera, María Rentería y Julia Nava, son el alma del sufragio femenino mexicano.

Las inolvidables Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Cícero, primeras diputadas electas en el Congreso Local de Yucatán en 1922, fueron la inspiración para que mi querido San Luis Potosí, un año después, decretaran a las potosinas el derecho de votar y ser elegidas para las municipalidades, pero en 1924, el miedo las hizo rehenes y terminó con su sueño por amenazas precisamente de muerte.

Si volvemos la mirada al pasado, pensaríamos que seguimos atrapados en el tiempo, pues la lucha de las mujeres en nuestro país tiene una larga historia de participación social, política que parece no acabar.

Los logros que hemos alcanzado no son resultado de ninguna concesión, sino del esfuerzo de la estrategia de nuestro trabajo, de la inteligencia, de los pactos entre las mujeres y los hombres, por supuesto, las que cedieron su vida y nos antecedieron en un contexto altamente vulnerable por el machismo y la discriminación, y las que estamos aquí, construyendo el presente y el devenir de las que habrán de sucedernos.

Nuestra lucha ha sido una constante de denuncias, exigencias y reclamos, pero, sobre todo, de aportaciones a la reconstrucción y rescate de los saberes de los saberes de las mujeres.

Las mexicanas hemos transformado paulatinamente nuestras realidades porque hemos aprendido que los espacios de poder donde se toman las decisiones que nos afectan no se logran sino sólo por la vía de la participación política y social, de la opinión crítica y de la organización de nuestras necesidades que hemos llevado a acciones concretas por la defensa de nuestros derechos.

Nos hemos propuesto coincidir y hemos logrado incidir en las instituciones del Estado, ocupando y reformando los espacios que se pensaban exclusivos de los hombres, resultados de esos consensos, es la conformación de un marco jurídico inspirado en las convenciones internacionales de derechos humanos, de las mujeres para exigir nuestro derecho a la igualdad y el acceso a la justicia.

No obstante, aún no somos siquiera beneficiarias a una vida libre de violencia, en ninguno de los espacios públicos, políticos, ni sociales.

Me parece que no hemos caminado a la velocidad que nuestras antecesoras imaginaron, porque la asignatura pendiente es resolver los frenos que nos tienen entrampadas, pues la paridad legal no resuelve la paridad cultural atávica y persistente desde la mirilla del patriarcado.

Es evidente la disonancia entre la norma y su práctica, pero es urgente resolverla, entendiendo que las mujeres podemos hablar de paz, de derechos y de instituciones sin sonrojarnos, y que llegar al poder nos obliga a parecernos a nosotras mismas y no al modelo masculino, que nos invisibiliza y nos cosifica, en un contexto de desigualdad.

Amigas y amigos Senadores, sin duda las mujeres hemos logrado enormes victorias, pero ha llegado el momento de replantear nuestro papel, debemos de pasar de la cuota al reconocimiento de nuestras capacidades, de nuestra estatura política debe medirse  por nuestra inteligencia, nuestros valores, aportaciones y trabajo constante a favor de México, no debe por ningún motivo demeritarse nuestro papel en los cargos que hemos ocupado, no debe sustituirse el reconocimiento a nuestro trabajo por expresiones misóginas que lo único que hacen es evidenciar la cultura machista de quienes las expresan.

Aunque haya quienes lo nieguen, la violencia política de género es una constante, vaya que habemos ejemplos en el Senado y en otras instituciones, Luisa María Calderón, Ivonne Álvarez, Adriana Dávila, Blanca Alcalá, Lorena Cuéllar, la de la voz y muchas otras compañeras, la hemos vivido en carne propia, es el momento ya de dar un paso a la aprobación en la Cámara de Diputados de la minuta pendiente.

La pertinencia de la fecha nos obliga la mirada autocrítica de nuestros privilegios, si bien aún sesgados, son motor de cambio en honor de nuestro linaje y fuerza presente para nuestra descendencia.

Es cuanto.