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Intervención de la Senadora María Marcela Torres Peimbert



Sen. María Marcela
Torres Peimbert


Grupo Parlamentario del
Partido Acción Nacional
Querétaro
Senadora Electa por el Principio de Mayoría Relativa
Suplente: Lorena Montes Hernández

Av Paseo de la Reforma No. 135, Hemiciclo Piso 6 Oficina 14, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, Cd. de México, C. P. 06030.

Tel: 01 (55) 53-45-30-00 Ext. 3261

E-mail: marcela.torres@pan.senado.gob.mx

Integración en Comisiones.

Intervencion del día Jueves 14 de diciembre de 2017


2

Dictámenes a Discusión y Votación

De las Comisiones Unidas de Gobernación; de Defensa Nacional; de Marina; y de Estudios Legislativos, Segunda, el que contiene proyecto de decreto por el que se expide la Ley de Seguridad Interior.

La Senadora María Marcela Torres Peimbert: Muchas gracias, Presidente.

El 6 de diciembre del 2006, cuando se anunció la implementación del Operativo Conjunto Michoacán y se le declaró la guerra al narcotráfico, estoy segura de que ninguna mexicana o mexicano sospechaba el curso que tomaría esta decisión.

Los militares recibieron la orden de salir de sus cuarteles para comenzar a llevar a cabo tareas de seguridad pública ante la creciente amenaza de la delincuencia organizada que había infiltrado a policías municipales y estatales.

Sin embargo, durante estos años hubo un vacío en nuestras leyes para normar la forma en la cual tendría que actuar el Ejército en determinados momentos.

Todos los expertos en seguridad coinciden en que las Fuerzas Armadas están formadas y entrenadas para acabar con el enemigo, mientras que las tareas de seguridad pública tienen otra naturaleza y requieren de la capacitación suficiente para aprehender a los presuntos responsables y someterlos a la procuración de justicia.

Durante once años el Ejército ha desempeñado estas tareas sin un marco jurídico adecuado que brinde certeza tanto a los ciudadanos y ciudadanas como a los hombres y mujeres valientes que entregan su vida por la defensa nacional.

Desde esta tribuna quiero reconocer a mujeres y hombres que conforman al Ejército Mexicano por la lealtad con la que han intentado salvaguardar la seguridad pública durante todos estos años.

Una tarea que, todos y todas sabemos, no les toca, pero que han desempeñado con honor y valentía.

Quiero reconocer a todos y cada uno de los soldados, cuyos nombres desconocemos, pero que están ahí en la primera fila, literal, al pie del cañón tratando de resolver sin estrategia, ni rumbo alguno, una crisis que está llenando a esta tierra sólo de cadáveres.

Quiero también a nombre de la clase política, aquí representada, pedirles una disculpa por someterlos a la extrema violencia y al poder corrupción del narcotráfico.

Miles de hombres y mujeres del Ejército han muerto al igual que miles de civiles en esta guerra sin sentido y sin ningún rumbo.

Quiero disculparme también porque durante once años las políticas y los políticos no hemos sido capaces de ofrecerles una vía, una solución, en lugar de esto los hemos dejado morir hasta el punto de hacernos pensar que esta ley significará su reivindicación.

Séneca decía: “Si no sabes hacia dónde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable”.

Justamente la falta de una estrategia contra el narco nos ha dejado un país lleno de sangre, de violencia y de confusión.

De la suma de todas nuestras desesperaciones nace este error que estamos cometiendo hoy, compañeras y compañeros, esta urgencia, la Ley de Seguridad Interior.

Quiero decirles a los hombres y a las mujeres del Ejército que entiendo su desesperación e impotencia por este marco jurídico que ansían, pero no comparto este antídoto, y aseguro que lo que se piensa será la solución, sólo agudizará el problema.

Uno de los valores más premiados y reconocidos entre las Fuerzas Armadas es la disciplina y la responsabilidad, y por ello no concibo la idea de que este Senado de la República apruebe de manera atropellada y sin apertura al diálogo este proyecto de dictamen.

Ninguneando a organizaciones de la sociedad civil, y lo increíble, más aún, a organizamos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que como nunca han hecho puntuales señalamientos acerca de las graves fallas que este proyecto contiene.

Desde aquí les digo: “Así no porque éste no es el modo de legitimar su actuación, éste es el derrotero para su descrédito”, el del Ejército, porque esta ley está ya confrontando al Ejército y a los políticos con la sociedad civil; viendo a los soldados del Ejército Nacional como una amenaza latente, en lugar de como defensores de la nación y del pueblo.

Porque hace unos meses tras el sismo del 19 de septiembre todas y todos nos conmovimos con su apoyo y compromiso por este país.

Y hoy, esto, y más se puede perder. Porque las voces en contra, nacionales e internacionales suenan al unísono, así no, porque la Ley de Seguridad Interior atenta contra la Constitución y contra los derechos humanos.

Porque cuando la historia tenga que juzgar culpables, seremos nosotras y nosotros, amigos y amigas por aprobar esta ley, y ustedes por proponerla.

A mis compañeras y compañeros Senadores les  pregunto con el corazón en la mano, con el temor de las consecuencias que en el futuro nos puede traer esta ley.

El Presidente Senador Ernesto Cordero Arroyo: Señora Senadora Peimbert, me  permite, ¿acepta una palabra de la Senadora Calderón?

No, para rectificación de hechos.

Continúe Senadora Torres Peimbert.

La Senadora Marcela Torres Peimbert: Gracias, con la desesperación de millones de ciudadanos, ¿qué, no podemos frenar esta sinrazón? A pesar de haber voces  más que calificadas en la arena ciudadana y académica, con los gritos ciudadanos, con el desacuerdo de expertos en el mundo entero.

¿Cómo van a salir a la calle, tranquilas y tranquilos?

¿Qué explicación le van a dar a los ciudadanos?

¿Cómo van a volver a pedir un  voto?

Cómo en el poder más democrático y representativo del estado constitucional de derecho, es capaz de aprobar un instrumento que posibilita una pesadilla autoritaria.

He escuchado  a compañeras y compañeros diciendo que su única intención es honrar a nuestras Fuerzas Armadas.

Que quieren hacer un merecido reconocimiento a la labor que han cumplido durante estos años, a pesar de no tener una base jurídica para hacerlo.

Hoy les digo, compañeros y compañeras legisladores, que si de verdad quieren honrar y reconocer al Ejército, adopten sus principios de jerarquía, y  hagan caso a los señalamientos de los organismos internacionales.

Las Fuerzas Armadas tienen un comandante supremo, que es el Presidente de la República;  nosotras y nosotros tenemos jefes supremos, las y los ciudadanos que representamos que gritan, así, no.

Muchas gracias.