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Intervención de la Senadora Katya Elizabeth Ávila Vázquez



Sen. Katya Elizabeth
Ávila Vázquez


Grupo Parlamentario del
Partido Encuentro Social
Lista Nacional
Senadora Electa por Representación Proporcional Basado en el Capítulo II, Sección I Artículo 56
de la CPEUM
Senador(a) Suplente del Senador(a):

Av Paseo de la Reforma No. 135, Hemiciclo Piso 4 Oficina 30, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, Cd. de México, C. P. 06030.

Tel: 01 (55) 5345 3000 Ext. 3448 y 3340

E-mail: katya.avila@senado.gob.mx

Integración en Comisiones.

Intervencion del día Miércoles 10 de abril de 2019


Intervención

 

Efemérides

Relativa al aniversario luctuoso de Emiliano Zapata

 

La Senadora Katya Elizabeth Ávila: Compañeras Senadoras y Senadores:

Recordamos hoy con mucha indignación aquel 10 de abril de 1919, cuando en Chinameca fue asesinado por el traidor Guajardo, uno de los mayores luchadores sociales que ha visto este país, Emiliano Zapata, Caudillo del Ejército Libertador del Sur, hijo pródigo de Morelos. El mayor defensor de los pequeños campesinos.

Aquellos artífices que con sus manos, su sudor, sus anhelos  apenas sobreviven con el fruto de larguísimas horas de trabajo.

La sociedad está en deuda histórica con los campesinos, y pagar esa deuda es la única forma legítima de honrar la memoria del General Zapata.

Como dijera nuestro héroe: “Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres”. Así Zapata murió fiel a las convicciones que lo hicieron inmortal, y lo grabaron en la mente y el corazón de los campesinos y luchadores sociales.

Su legado fue tal que sus reivindicaciones libertarias se reflejaron en los principios de la Reforma Agraria.

Zapata es en gran medida la figura que encarna la ideología  que nutre el reparto agrario. “La tierra es de quien la trabaja”, decía.

La Constitución recogió este sentir en el artículo 27 constitucional, reglamentado en 1920 y 1922, año en que se promulgaron la primera Ley de Ejidos, y el Primer Reglamento Agrario, respectivamente.

Estos instrumentos plantearon la redistribución de la propiedad rural y la integración del ejido mexicano.

Casi 100 años después del inicio del reparto agrario, la deuda con el campo sigue sin saldarse. Este país no tiene soberanía alimentaria, nos alimentamos de maíz estadounidense, de arroz y chile provenientes de China, importamos frutas chilenas, nosotros los hijos e hijas del maíz, herederos de culturas que crearon técnicas que revolucionaron la agricultura, hemos olvidado al pequeño campesinado, de ellos se ha burlado por décadas la clase política del período neoliberal nombrando cultivos de subsistencia a quienes no producen lo que el capital requiere, concediéndoles limosnas como Solidaridad, Procampo, y otros programas que traicionaron los principios agraristas, y pusieron fin al reparto agrario en la década de 1990.

Clase política que permitió la ocupación de las tierras, antes por hacendados, y después por empresas extractivas que toman de la tierra sólo el valor mercantil para dejar tras su paso suelos muertos y contaminados, sin fertilidad para la vida.

Su ambición ahora es por el territorio, el agua, los recursos mineros y los bosques.

Por lo anterior, sostenemos letra a letra que si no hay justicia para el pueblo, que no haya justicia para el gobierno.

El reparto agrario es la deuda más grande de los poderosos para con los oprimidos. En México se han robado las sonrisas, las esperanzas y el porvenir del campesinado mediante acciones programáticas ideadas en los escritorios.

El asesinato teórico del campo, como diría Enrique Dussel, fue planeado y perpetrado por los gobiernos tecnócratas de funcionarios formados en el extranjero para los que la tierra es sucia y no merece ni mirarse si no se trata de la gran industria agrícola de los cereales, las frutas y el azúcar que alimentan al mercado global, y que no contribuye al sustento de la vida del pueblo que las produce y las merece, y que  enriquecen a los coyotes que empacan y enlatan chatarra para los supermercados, convirtiendo a México en ese extraño país donde la obesidad convive con la desnutrición.

El agrarismo de Zapata en la historia de México fue el gran reparto de tierras hecho verdad durante el gobierno del General Cárdenas, fue la lucha que levantó Jaramillo en los años 40’s, contra esos Guajardos instalados desde entonces nuevamente en el gobierno.

Fue el emblema de las tomas de tierras de los años 60’s y 70’s, fue el despertar de la lucha indígena dese los años 80’s del siglo pasado, con los 500 años de olvido.

Fue el corazón que revivió con el alzamiento en 1994, en Chiapas, y es todavía hoy la fuerza viva del México profundo que clama por seguir haciendo historia.

Compañeras y compañeros.

¡Hoy más que nunca, Zapata Vive!

Es cuanto, Presidenta.

(Aplausos)

La Presidenta Senadora Mónica Fernández Balboa: Gracias, Senadora Ávila.