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Intervención de la Senadora Elvia Marcela Mora Arellano



Sen. Elvia Marcela
Mora Arellano


Grupo Parlamentario del
Partido Encuentro Social
Lista Nacional
Senadora Electa por Representación Proporcional Basado en el Capítulo II, Sección I Artículo 56
de la CPEUM
Suplente:

Av Paseo de la Reforma No. 135, Hemiciclo Piso 4 Oficina 29, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, Cd. de México, C. P. 06030.

Tel: 01 (55) 5345 3000 Ext. 3597

E-mail: marcela.mora@senado.gob.mx

Integración en Comisiones.

Intervencion del día Martes 23 de abril de 2019


Posicionamiento Gpo. Parlamentario

Dictámenes a Discusión y Votación

De las Comisiones Unidas de Trabajo y Previsión Social, de Para la Igualdad de Género y de Estudios Legislativos, Primera, el que contiene proyecto de decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo y de la Ley del Seguro Social, en materia de las personas TRABAJADORAS del HOGAR.

La Senadora Elvia Marcela Mora Arellano: Buenas tardes.

Hola, chicas, buenas tardes.

(Aplausos)

Con el permiso de la mesa.

En 1970 Rosario Castellanos escribía “cuando desaparezca la última criada, en el colchoncito en que ahora reposa nuestra conformidad aparecerá la primera rebelde furibunda” Y allá arriba tenemos varias.

Gracias por su esfuerzo. Felicidades.

El día de hoy las Comisiones Unidas de Trabajo y Previsión Social, la Comisión para la Igualdad de Género y la Comisión de Estudios Legislativos, Primera, ponen a consideración de esta Cámara un dictamen que cristaliza la larga lucha de las mujeres y los hombres, pero sobre todo de las mujeres, por el reconocimiento de sus derechos laborales.

Este tema no es un asunto menor, se trata, ni más ni menos, de compensar a las nuevas generaciones por siglos de maltrato y abuso por parte de los patrones hacia las personas que se dedican a las labores en el hogar, tanto en su mantenimiento como en el cuidado de alguno de los miembros de la familia.

El trabajo en el hogar social e históricamente se ha delegado a nosotras las mujeres y esta situación se reproduce en el modo en que éstas se insertaron al mercado laboral durante muchos  años.

Por siglos, las mujeres tuvieron en el trabajo doméstico una de las escasas alternativas para obtener recursos económicos de forma autónoma, ese ingreso generalmente exiguo y regateado por patrones y patronas que se gana con jornadas de trabajo extenuantes, generalmente se destina a complementar el ingreso de las familias pobres; porque, señoras y señores, el trabajo doméstico no solamente es un asunto de género, es también un asunto de clases.

Para una niña de un estrato que puede pagar el servicio doméstico, no forma parte de las aspiraciones convertirse en una nana o en una sirvienta.

En cambio, para una niña que dice, para una niña que nace en una familia humilde en el campo, en una zona indígena quizás la única opción que tiene para que sobreviva  no solo ella, sino toda su familia.

Esas niñas, esas mujeres que dejan su familia para ganarse la vida, lo mínimo a lo que se exponen son a las malas palabras y maltratos de las “señoras”, se encuentran sujetas a vejámenes, golpes y abuso sexual, incluso exponen su vida.

Desprotegidas hasta ahora en sus derechos laborales, los cuales los patrones pocas veces han reconocido, porque prevalece la idea arcaica de que el trabajo en el hogar no es trabajo, una indignante mayoría de trabajadoras domésticas ha sido y siguen siendo privadas de derechos, como la educación, el trabajo digno y bien remunerado, la salud y la seguridad social, la alimentación adecuada e incluso de la libertad de disponer de su tiempo libre como un tiempo para sí mismas.

Con la reforma que se aprueba en materia de derechos de las personas que se desempeñan en el trabajo doméstico, México apenas comienza a compensar la deuda que tiene con generaciones de generaciones de mujeres, muchas de ellas pobres que no teniendo otra alternativa han optado por esta labor, a la que se ha romantizado invistiéndola como una relación casi filial y familiar para negar derechos laborales.

La infantilización que las patronas promueven para no reconocer que estamos hablando de personas trabajadoras, está encontrando fin, o esperamos esté encontrando fin, con este dictamen.

Sin embargo, el camino aún es largo, a las mujeres que han dado la cara en esta lucha por los derechos de las trabajadoras domésticas, mi más sincero reconocimiento. Ustedes saben que esto no se acaba con la aprobación de una reforma, hace falta que se cumplan y para eso es necesario exigir y observar la instrumentación de las nuevas disposiciones y denunciar la negligencia de las autoridades y de los patrones pero, sobre todo y más importante, es necesario arrancar la raíz podrida del clasismo y el machismo que tanto daño ha hecho a las trabajadoras domésticas y que, para vergüenza de nuestra patria, se testifica en el arribismo de quien tiene, de quien se cree con derecho de ningunear a quien mantiene su hogar funcionando.

Desafortunadamente, todavía somos muy miopes como para reconocer que no hay nada indigno en el trabajo doméstico. Por el contrario, es un trabajo que sostiene la vida misma y la hace prosperar.

Muchas y muchos ya lo decía Malú podemos estar aquí teniendo ropa limpia y un espacio decoroso garantizado, gracias a las jefas de mantenimiento del hogar.

Nuevamente, el mayor reconocimiento a las trabajadoras domésticas que se han organizado para luchar por sus derechos.

Gracias a las Comisiones Unidas de Trabajo y Previsión Social, para la Igualdad de Género y de Estudios Legislativos, Primera, por su sensibilidad a la larga e invisibilizada lucha por los derechos laborales que estas mujeres han emprendido.

Es cuanto.

(Aplausos)

El Presidente Senador Martí Batres Guadarrama: Muchas gracias, Senadora Marcela Mora.