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Intervención de la Senadora Blanca Estela Piña Gudiño



Sen. Blanca Estela
Piña Gudiño


Movimiento Regeneración Nacional
Michoacán
Senadora Electa por el Principio de Mayoría Relativa
Suplente: Graciela Carmina Andrade García Peláez

Av Paseo de la Reforma No. 135, Hemiciclo Piso 4 Oficina 13, Col. Tabacalera, Alcaldía Cuauhtémoc, Cd. de México, C. P. 06030.

Tel: 01 (55) 5345 3000 Ext. 3204

E-mail: blanca.pina@senado.gob.mx

Integración en Comisiones.

Intervencion del día Martes 16 de octubre de 2018


Intervención

Sesión solemne en conmemoración del 65 aniversario del Derecho al Voto de las Mujeres en México

La Senadora Blanca Estela Piña Gudiño: Buenas tardes a todos los compañeros y compañeras del Senado.

Y, por supuesto, un gran abrazo a nuestras compañeras de lucha de muchos años.

Las saludo y les doy la más cordial bienvenida.

Gracias por estar aquí.

(Aplausos)

Con su permiso, señora Presidenta.

Ignoramos nuestra verdadera estatura  hasta que nos ponemos de pie.

Este 17 de octubre se cumplen 65 años de la conquista del derecho al sufragio y el reconocimiento de la igualdad cívica entre hombres y mujeres.

Después de seis décadas y media, para nadie es un secreto que este logro no fue una concesión bondadosa del Estado, sino el resultado de la resistencia e influencia del Movimiento Sufragista Internacional, así como de medio siglo de lucha de nuestras abuelas, de nuestras madres, por nuestros derechos democráticos.

Hoy después de 65 años es imposible no recordar el papel heroico que desempeñaron las siguientes mujeres: Consuelo Zavala, Dominga Canto, Adolfina Valencia de Ávila, María Luisa Flota, Beatriz Peniche, Amalia Gómez, Piedad Carrillo Gil, Isolina Pérez Castillo, Elena Osorio. Fidelia González, Candelaria Villanueva, Lucrecia y Adriana Vadillo, Rosina Magaña y Consuelo Andrade.

Todas ellas impulsoras del Primer Congreso Feminista de 1917, en cuyo seno se escuchó al unísono la justa exigencia de igualdad civil para que la mujer pudiera ser elegible en los cargos administrativos y el decreto de la igualdad política y de la representación parlamentaria.

También tenemos que homenajear el significado histórico del ejemplo de Elvia Carrillo Puerto y Beatriz Peniche de Ponce, que pese al descrédito lacerante del machismo figuraron como candidatas a Diputadas al Congreso del Estado de Yucarán, en noviembre de 1923.

La historia de todas ellas es la muestra fehaciente de que para nosotras no hay regalos al nacer, mucho menos si eres mujer trabajadora.

Y esto hay que recordarlo siempre, fue la persistencia y necedad del Movimiento Feminista en México de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el precursor de nuestro derecho pleno a la ciudadanía en este país.

Hay que recordarlo bien, porque es verdad que en 1953 se conquistó el derecho al voto.

Esta épica lucha no se materializó sino hasta décadas después, debido a que en la mayoría de los casos seguían siendo los hombres, los padres y esposos quienes decidían lo que sus esposas, hijas y hermanas deberían de opinar, decir, crecer o hacer en política.

Más aún,  nuestro derecho al sufragio, nuestro derecho a votar no incluyó el derecho efectivo a ser votadas.

¿Cuántas décadas pasaron para que en el país existiera la primera candidata a la Presidencia de la República?

¿Cuánto tiempo ha pasado para lograr la paridad en los puestos de representación popular? 

¿Cuánto tiempo pasará para que esta paridad tenga efecto?

Las respuestas a estas preguntas no pueden ser formalistas y tampoco podemos engañarnos.

Hoy sabemos que en el estado de Chiapas, 10 Diputadas Locales, Propietarias y Suplentes, así como 30 Regidoras, renunciaron para dejar su lugar a hombres.

Se estima que en este estado hasta ahora 40 mujeres han sido presionadas para que abandonen sus cargos.

Para algunas compañeras resultará sorprendente este hecho, para otras, me incluyo, estos penosos actos nos resultan por desgracia comunes. Esto lo decimos y lo denunciamos.

En el país de los feminicidios donde a nuestras hijas, hermanas, madres, sobrinas o amigas, les cuesta la vida el hecho de ser mujeres, no es extraño que esta misma razón se use para justificar la violencia política.

En el país aún nos falta mucho para conquistar la paridad política, porque a las mujeres se nos excluye por el simple hecho de ser mujeres, porque aún hay  bárbaros que piensan que el papel de nosotras es ser la señora de la casa, porque aún se piensa que nuestro lugar es en la cocina, que nuestra obligación es únicamente ser madres.

La visión patriarcal motiva a que las mujeres sigamos siendo las principales responsables de las actividades de cuidados y labores domésticas.

Según la ONU las mujeres destinamos 28 horas en promedio a la semana en actividades domésticas y de cuidados, mientras que los hombres destinan sólo 14 horas en promedio, lo que limita de facto nuestra posibilidad de participar políticamente y ocupar cargos de representación popular.

Ante la fuerza retrógrada de estos hechos, debemos reconocer que nuestra democracia es perfectible, que nuestra sociedad aún tiene una deuda en cuanto a los derechos  políticos de las mujeres.

Pero también debemos reconocer que hay experiencias, aprendizajes, certezas, resistencia y mucha dignidad que iluminan el camino.

El nuevo auge y empuje que se vive por la lucha de los derechos de la mujer en todo el mundo nos motiva a renovar esfuerzos para reconquistar nuestro pleno derecho a votar y ser votadas.

65 años han pasado y aunque hay tareas que siguen pendientes, hoy podemos hablar desde esta tribuna reconociendo los aportes el Congreso Feminista de 1917 o de Elvia Carrillo Puerto y de muchas otras mujeres que trazaron el camino que permite logros históricos, como el pasado 1° de julio.

Por primera vez en la historia tenemos un Congreso de la Unión y un gabinete paritarios, lo cual muestra una clara transformación del país, el cual exige que las voces que se pronuncien en las tribunas reflejen la realidad en que vivimos. Esta realidad está marcada por el hecho de que más del 50 % de los mexicanos somos mujeres.

Ante toda la carga histórica que representa ocupar un espacio en el Senado de la República, refrendamos el compromiso de legislar, siguiendo el ejemplo de quienes nos antecedieron y hacer avanzar los derechos de las mujeres.

Que quede claro, no puede haber revolución sin la participación de las mujeres.

Y aquí quiero hacer una mención, de que nuestro Presidente electo, precisamente habrá paridad en su gabinete.

Ya lo sabíamos todos y eso pues nos congratula y nos da mucho gusto.

Muchas gracias.