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Iniciativas

Estado Actual: Desechada Ficha Técnica

De la Sen. Mónica T. Arriola Gordillo, con proyecto de decreto por el que se reforma el artículo 288 del Código Civil Federal.

SE TURNÓ A LAS COMISIONES UNIDAS JUSTICIA Y DE ESTUDIOS LEGISLATIVOS.


Propone establecer en los casos de divorcio necesario, que cuando el cónyuge inocente haya realizado tareas domésticas y de cuidado se le pagarán alimentos, aun cuando hubiere tenido o tenga un empleo remunerado, en caso de que el ingreso recibido no sea suficiente.

Proposes to establish in divorce cases necessary when the innocent spouse has done housework and care will be paid food, even if he has had or have a paid, if the income received is not sufficient employment.

La suscrita Mónica T. Arriola Gordillo Senadora de la República de la LXIII Legislatura del H. Congreso de la Unión, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 71, fracción II y 72 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 8, numeral 1, fracción I; 164, numeral 1; 169, numeral 1 del Reglamento del Senado de la República, someto a la consideración de esta Soberanía la siguiente Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se reforma el artículo 288 del Código Civil Federal, al tenor de la siguiente:

Exposición de Motivos

La lucha de la mujer por una igualdad merecida inherentemente, ha sido incansable.

Sabemos que esta batalla ha tenido que lidiar con cimientos estoicos en nuestra sociedad que han tenido sus raíces desde el comienzo de la vida, y por lo mismo, no se vislumbra un fin cercano.

Inclusive con los significativos cambios que se han dado en las estructuras familiares actuales, y la creciente participaciónlaboral de las mujeres, podemos observar una división sexual del trabajo que permanece inamovible.

En el artículo 1º  de la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer propone como definición de la discriminación"toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil”.

Este concepto se encuentra actualmente establecido dentro de las relaciones familiares entre hombres y mujeres.

Las estadísticas nos continúan mostrando que persistela minúscula participación masculina en las tareas domésticas y de cuidado, y que por lo mismo, las mujeres se ven apartadas de la posibilidad de desarrollar una independencia económica suficiente que les permita una verdadera autonomía en caso de divorcio.

De hecho, como ya lo ha reportado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las mujeres padecen de una sobrecarga de trabajo y demandas que las ancla económicamente, en consecuencia al persistente rol tradicional y naturalizado de cuidadorasque se suma al esfuerzo de incorporarse a la vida pública y laboral.

Es cierto, requerimos como sociedad de una trasformación de los patrones culturales para poder obtener los resultados necesarios que manifiesten un verdadero cambio útil para las mujeres; sin embargo, como legisladora, me veo obligada a utilizar las herramientas a mi alcance para contribuir a la lucha por la igualdad de género, y transformar la legislación vigente en favor de la protecciónsocial y económica de las mujeres.

En el documento publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Panorama social de América Latina 2009, señala que

“La crisis del cuidado refiere a un momento histórico en que se reorganiza simultáneamente el trabajo salarial-remunerado y el doméstico no-remunerado, mientras se mantiene rígida la división sexual del trabajo en los hogares y la segmentación de género en el mercado laboral.

Estas asincronías afectan la continuidad y equilibrio de los tradicionales “arreglos” del cuidado en nuestras sociedades. Y atentan contra las opciones de las mujeres para insertarse sin las barreras seculares en los mercados laborales, y alcanzar mayor autonomía económica y bienestar.

Esta crisis se produce cuando, por un lado, aumenta el número de las personas que por su condición requieren de cuidado, y, al mismo tiempo, disminuye la proporción de personas (tradicionalmente mujeres) que están en condiciones de ejercer esa función de cuidado.

Vale decir, asistimos a una situación de aumento de la demanda (transición demográfica) y de disminución de la oferta (inserción de la mujer en los mercados de trabajo). Esta tensión opera como un freno a las mujeres para una mayor inserción laboral remunerada y obliga a un diseño e implementación de políticas públicas respecto de esta materia.

Tal situación se da sin que se produzca mayor involucramiento masculino en este trabajo, y sin que se desarrollen suficientes mecanismos estatales y de mercado que asuman la responsabilidad social del cuidado.”

Lo anterior, como podemos advertir, ha perjudicado a la mujer gravemente, ya que ahora ésta debe dividir su energía en un esfuerzo por incorporarse a la vida laboral productiva en miras de lograr una independencia económica, y cumplir con las tareas domésticas y de cuidado.

Lo anterior no puede ser utilizado en favor del cónyuge dedicado al empleo totalmente para evitar el pago de su obligación alimenticia para con su cónyuge.

El documento de la Comisión continua diciendo que “existe, pues, consenso en que la crisis del cuidado se produce en un contexto en que laincorporación de las mujeres al mercado laboral no se complementa con nuevasalternativas privadas o sociales de redistribución del cuidado dentro del hogar ni de unmayor involucramiento de los hombres en ello, lo que permitiría pensar que “ladomesticidad no ha muerto, ha mutado”.

Detrás de estasasincronías entre transformaciones en una y otra esfera para hombres y mujeres, que sonresultado de mecanismos de discriminación1 de género, se encuentran incentivos demercados y estados, así como matrices culturales y de análisis, que tienden a reforzar unadistinción falaz entre lo económico y lo doméstico, reduciendo el primero a lo mercantil ysubsumiendo el “valor” a lo que se expresa socialmente en forma monetaria.

En la configuración de esta crisis destacan principalmente tres fenómenos simultáneos: lacreciente incorporación femenina al mercado laboral y los procesos de autonomía y/oemancipación de las mujeres, el envejecimiento de la población y las transformacionesfamiliares. Conviven con ello tres esferas que mantienen las rémoras de un ordenamientopatriarcal e inhiben que la sociedad en su conjunto logre un proceso adaptativo,igualitario y eficiente:

1) los mercados laborales en sus incentivos y organización,

2) losEstados en sus prestaciones y políticas, y

3) las familias en su división sexual del trabajo,de los recursos y del poder.

Esta desvalorización es producto de la naturalización del rol de cuidadora para lasmujeres, y del supuesto generalizado de que tal trabajo se vincula a relaciones afectivasde parentesco y familiares, convirtiéndolo no en una actividad económica sino en un“acto de amor y de entrega” en el mejor de los casos, y de “obediencia y subordinación”en sus peores versiones.

La expresión directa de esa falta de valoración se plasma en unadoble jornada de trabajo para las mujeres latinoamericanas, caracterizada por unasobrecarga de trabajo doméstico y una inserción laboral precaria, que agudizan losproblemas de la conciliación entre las dos esferas, e incrementa la vulnerabilidad frente ala pobreza y la exclusión tanto de la mujer como de los niños.

Doble inequidad, pues, que castiga a las mujeres por su inserción más precaria en elempleo y su carga nada disminuida y poco valorada en el cuidado. Todo ello con unsupuesto cultural falso: que el trabajo “natural” no es trabajo y por tanto el tiempo eselástico; y que el trabajo remunerado de la mujer es secundario y por tanto puede ser peorpagado y más inestable, y eventualmente eliminarse.”

Ya se ha reiterado en investigaciones sociológicas de manera incalculable que laparticipación de las mujeres en el mercado laboral, considerada una de las transformaciones sociales y económicas más importantes ysostenidas de las últimas décadas, no ha retrocedido durante ningunacrisis, pero se ha desacelerado en el comienzo del nuevo milenio.

Asimismo, la incorporación de la mujer ha mantenido los rasgos de precariedad que caracterizan al empleo femenino.

Las mujeres con mayor nivel educativo, menores cargasfamiliares y más recursos para adquirir servicios de cuidado presentantasas de participación económica más elevadas. Esta estratificación enla experiencia laboral de las mujeres se profundiza con la segmentaciónpropia de los mercados laborales y se combina con débiles y restringidas ofertas de servicios de cuidado.

Es por lo anterior, que se requiere de manera urgente, un esfuerzo legislativo que aporte, aunque de manera marginal, auxilio a las mujeres que además de tener un empleo remunerado se encargan de las tareas domésticas y de cuidado.

La presente reforma tiene por objeto contribuir a un cambio estructural que consolide el lugar de las mujeres en la sociedad, a pesar de conservar diversos obstáculos históricos como el que da cabida a la presente modificación.

Por lo anteriormente expuesto y fundado, someto a la consideración de esta Soberanía el siguiente:

Proyecto de Decreto

ÚNICO.- Se reforma el artículo 288 del Código Civil Federal para quedar como sigue:

Artículo 288.- En los casos de divorcio necesario, el juez, tomando en cuenta las circunstancias delcaso y entre ellas la capacidad para trabajar de los cónyuges, y su situación económica, sentenciará alculpable al pago de alimentos en favor del inocente.

Cuando el cónyuge inocente haya realizado tareas domésticas y de cuidado se le pagaran alimentos, aun cuando hubiere tenido o tenga un empleo remunerado, en caso de que el ingreso recibido no sea suficiente.

En el caso de divorcio por mutuo consentimiento, la mujer tendrá derecho a recibir alimentos por elmismo lapso de duración del matrimonio, derecho que disfrutará si no tiene ingresos suficientes ymientras no contraiga nuevas nupcias o se una en concubinato.

El mismo derecho señalado en el párrafo anterior, tendrá el varón que se encuentre imposibilitadopara trabajar y carezca de ingresos suficientes, mientras no contraiga nuevas nupcias o se una enconcubinato.

Cuando por el divorcio se originen daños o perjuicios a los intereses del cónyuge inocente, el culpableresponderá de ellos como autor de un hecho ilícito.

Transitorios

PRIMERO.- El siguiente Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.

SEGUNDO.- Se exhorta a los congresos estatales de las entidades federativas a adecuar su legislación vigente, a efecto de armonizarla con el presente decreto.

Dado en el Salón de Sesiones del Senado de la República a los    3 díasdel mes de marzo de 2016.

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Mónica T. Arriola Gordillo

Senadora de la República