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Estado Actual: Aprobada Ficha Técnica






De las Senadoras Lisbeth Hernández Lecona, Angélica del Rosario Araujo Lara, Margarita Flores Sánchez, Juana Leticia Herrera Ale, Ma. del Rocío Pineda Gochi y Mely Romero Celis, del Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional, la que contiene proyecto de decreto por el que se reforma el artículo 7 fracción IX de la Ley General de Educación.

SE TURNÓ A LAS COMISIONES UNIDAS DE EDUCACIÓN Y DE ESTUDIOS LEGISLATIVOS.


Propone reformar el artículo 7 fracción IX de la Ley General de Educación, a fin de establecer que la educación que impartan el Estado, sus organismos descentralizados y los particulares con autorización o con reconocimiento de validez oficial de estudios tendrá, además de los fines establecidos en el segundo párrafo del artículo 3o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y los relacionados de la fracción I a la VIII de este artículo, la finalidad de implementar una educación alimentaria sana y nutricional en las escuelas públicas y privadas de los niveles preescolar, primaria y secundaria, a través de la inclusión de dicha asignatura en los planes de estudio, por conducto de la Secretaría de Educación Pública, estimulando la educación física y la práctica del deporte.

DE  LAS SENADORAS LISBETH HERNÁNDEZ LECONA, ANGÉLICA DEL ROSARIO ARAUJO LARA, MARGARITA FLORES SÁNCHEZ, JUANA LETICIA HERRERA ALE, MA. DEL ROCÍO PINEDA GOCHI Y MELY ROMERO CELIS, INTEGRANTES DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL, CON FUNDAMENTO EN LO DISPUESTO POR LOS ARTÍCULOS 71 FRACCIÓN II Y 133 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 8 NUMERAL 1 FRACCIÓN I, 164 NUMERALES 1 Y 2, 169 Y DEMÁS RELATIVOS Y APLICABLES DEL REGLAMENTO DEL SENADO DE LA REPÚBLICA, SOMETEMOS A CONSIDERACIÓN DEL PLENO LEGISLATIVO INICIATIVA CON PROYECTO DE DECRETO POR EL QUE REFORMA EL ARTÍCULO 7 FRACCIÓN IX DE LA LEY GENERAL DE EDUCACIÓN, BAJO LAS SIGUIENTES:

C O N S I D E R A C I O N E S

El mal uso de los alimentos disponibles y la toma de decisiones incorrectas sobre el consumo de los mismos está propiciado por factores socioculturales como las tradiciones, los hábitos de vida, costumbres, por las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que repercuten en el problema de la alimentación y junto a ello tenemos la carencia de una educación alimentaria sana y nutricional que promueva estilos de vida sanos.

Existe mucha confusión y poca divulgación en los países subdesarrollados, como lo es México, pues no se ofrece una información precisa y valiosa sobre la alimentación adecuada, correcta, sana y nutricional. Esto es un elemento importante para la subsistencia y en el que se invierte la mayor cantidad de dinero y esfuerzo por parte de la familia.  A pesar de que muchas personas en los países pobres no poseen recursos para acceder a los diferentes alimentos de manera segura y estable, muchas familias por falta de información gastan sus pocos recursos en alimentos que no poseen ningún valor nutritivo. Tal es el caso de los  refrescos embotellados, las comidas chatarra o en conservas de sabor fuerte que satisfacen el paladar pero engañan al organismo.

Los hábitos alimentarios inadecuados, producto de nuestras costumbres, tradiciones,  de la promoción de alimentos con bajo  valor nutricional por parte de las  multinacionales, así como los estereotipos de la mujer y el hombre perfecto donde se impone la extrema delgadez, traen a la par enfermedades como la obesidad, diabetes, la anorexia y la bulimia, las cuales traen consigo problemas nutricionales que repercuten en la calidad de vida de la población.  Inclusive, debido a las tradiciones alimentarias de la comida mexicana podemos constatar que existen hábitos alimentarios incorrectos pues se hace uso abundante de la grasa, del azúcar y existe poca preferencia por las frutas, verduras y las hortalizas.

Estos hábitos en las edades jóvenes y adultas son muy difíciles de modificar porque están muy arraigados ya que pasan de generación en generación, y son las personas mayores las responsables de la selección, compra y cocción de los alimentos. Por esta razón; los hábitos de vida y alimentarios deben ser educados desde las edades más tempranas acorde a las realidades, costumbres y necesidades de los países, tributando a una mejor calidad de vida.  Las prácticas alimentarias están influenciadas por factores sociales, económicos y culturales que rodean al individuo y a su familia. Cada grupo humano o sociedad tiene un patrón alimentario que le es propio, resultado de una compleja trama de usos, costumbres y tradiciones que se trasmiten y se modifican a lo largo de la historia, y que hay que tener en cuenta para llevar a cabo una estrategia de educación alimentaria sana y nutricional que tribute al mejoramiento de los hábitos alimentarios de forma adecuada.

La educación alimentaria no solo se limita a realizar acciones educativas  y brindar información para elevar el conocimiento en cuanto a nutrición y alimentación, esta debe tener como finalidad el mejoramiento de la conducta alimentaria, la adquisición de conocimientos y la adopción de actitudes positivas. El asumir nuevos hábitos alimentarios, entiéndase por ello conductas alimentarias más saludables, implica un proceso a corto, mediano y largo plazo donde hay que tener en cuenta los factores culturales como son las costumbres culinarias que devienen de las migraciones, los procesos de colonización y los productos que se cosechan en cada región.

En sentido general las prácticas alimentarias se ven influenciadas por factores individuales como motivaciones, gustos, creencias, conocimientos, experiencia; y por factores sociales como la familia, los amigos, las normas sociales, políticas locales, estatales. Unido a ello, se encuentra la disponibilidad de los alimentos y la posibilidad económica que posee el individuo, la familia, la comunidad o el país para adquirir o producir los alimentos necesarios.

Para llevar a cabo una adecuada educación sobre la alimentación es necesario insertarse plenamente en el contexto histórico-social con aptitudes para reflexionar e  identificar junto con la población los problemas, sus causas y posibles soluciones.  Además de que debe existir un  respeto hacia todas las personas y grupos, en cuanto a conocimientos, tradiciones, creencias, hábitos de vida, prácticas, tabúes, cultura, normas sociales, etc. que se han ido conformando  a través de las distintas generaciones y que no tenemos ningún derecho de modificarlos sin una investigación que permita validar o no sus comportamientos en referencia a la alimentación y nutrición.  

[1]La falta de una educación alimentaria sana y nutritiva ha traído como consecuencia 48 millones de adultos con obesidad o sobrepeso, México se ubica en el segundo lugar mundial en este padecimiento, el cual va de la mano de la diabetes, hipertensión, cánceres de diversos tipos, cardiopatías y otras enfermedades crónicas. El problema, que también afecta mucho y particularmente a los niños, y que además es paralelo a la prevalencia de la desnutrición infantil, no debiera calificarse de daño colateral o fortuito; es el saldo de un sistema complejo, de múltiples vertientes identificables, presentes desde el plano de la producción agrícola hasta el del paladar del consumidor.

[2]Es evidente entonces que el problema no se trata sólo de una cuestión individual o familiar, de optar o no por un menú de alimentos saludables, sino es todo un sistema que está propiciando destrucción de la comunidad agrícola y de la producción tradicional, pobreza rural, daño ambiental y patrones de consumo donde lo que pagan las personas no es el alimento fundamentalmente, sino es, en su mayor proporción, ilusiones publicitarias y “valor erosivo” que destruye ambiente, salud y economía, y que entra en la lógica de un modelo de concentración de riquezas.

La obesidad, el sobrepeso y las enfermedades asociadas están generando costos de toda índole (anímica, social, familiar, laboral, monetaria, de finanzas públicas, etcétera), pues los enfermos muchas veces están incapacitados para trabajar y devienen cargas para sus parientes; implican jubilaciones tempranas o despidos, son pacientes permanentes y costosos del Seguro Social, del ISSSTE o de otras instituciones en caso de que cuenten con seguridad social, y son personas que arrastran en su depresión a quienes los acompañan. Tan sólo en términos económicos, la Secretaría de Salud ha dicho que en 2011 la obesidad y el sobrepeso generaron costos indirectos por 23 mil millones de pesos y con la tendencia actual en los próximos diez años la cifra podría llegar a 150 mil millones anuales.

[3]La obesidad y las enfermedades crónicas que le acompañan cuestan a México más de 67 mil millones de pesos por año. Este costo fue calculado con cifras del año 2008, pero el mismo equipo estima que para el año 2017 los problemas de obesidad entre la población mexicana tendrán un costo para el país de entre 70 mil y 101 mil millones de pesos.  Los datos están contenidos en un estudio inédito realizado por 41 científicos de 10 prestigiadas instituciones, por encargo de la Academia Mexicana de Medicina. El resultado de esta investigación se reunió en el libro "Obesidad en México: recomendaciones para una política de Estado".

[4]Los representantes de los médicos y de organizaciones no gubernamentales subrayaron que 7 de cada 10 adultos mexicanos tiene sobrepeso u obesidad, así como 1 de cada 3 niños. [5]La obesidad se ha convertido en la segunda causa de mortalidad en el país, con cerca de 83 mil defunciones en 2010, por lo que se hace indispensable que el gobierno federal emprenda acciones urgentes en contra de este grave problema que, de no detenerlo, además de la saturación de los servicios de salud, causará costos por 100 mil millones de pesos.

La obesidad ya afecta a todas las clases sociales, pero tiene mayor incidencia en la población más pobre. La pobreza en México provoca que la población tenga mala alimentación, ya que los más pobres compran alimentos baratos con escasos nutrientes, pero con exceso de calorías. Este mal se ha convertido en un problema de Estado, el cual requiere el concurso de todos: gobierno, sociedad civil, industria alimentaria, escuelas y medios de comunicación. [6]Se advierte que las prevalencias de sobrepeso y obesidad se encuentran en 73 por ciento para mujeres y 69.4 por ciento para hombres; 35.8 por ciento para adolescentes mujeres y 34.1 por ciento para adolescentes hombres, así como 32 por ciento en las niñas y 36.9 por ciento en niños en edad escolar.

De acuerdo con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, se requiere una estrategia nacional, multisectorial, que involucre a los distintos niveles de gobierno y aborde los determinantes de la obesidad en distintos contextos: hogar, escuela, comunidad, centros de trabajo, sector privado, agrupaciones de consumidores, academia y otros. La obesidad tiene carácter multifactorial, pero entre sus causas subyacen la alta disponibilidad de alimentos con alta carga energética y procesados, falta de orientación y educación alimentaria sana, así como el bajo consumo de agua, frutas, verduras, cereales de grano entero y leguminosas, entre otras.

[7]Algunas de las enfermedades asociadas a los hábitos alimentarios inadecuados como se ha acotado, son la obesidad, el sobrepeso, la bulimia y la anorexia. La obesidad es más común en los niños que en las niñas sobretodo en las edades de 6 y 13 años. Las causas de esta enfermedad son el sedentarismo y los hábitos alimentarios incorrectos. El exceso de peso en los menores favorece la obesidad en los adultos y provoca enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes.

Por otra parte  han crecido notablemente  entre las jóvenes enfermedades como la anorexia y la bulimia, principalmente entre las niñas. Estos trastornos de la conducta alimentaria tienen un gran componente cultural pues el patrón de belleza actual que se ha impuesto a través de hombres y mujeres es el de extrema delgadez influenciados por los mensajes y modelos que transmiten los medios de comunicación, anuncios de televisión, vallas, folletos publicitarios.  Los trastornos de la conducta alimentaria que conllevan a las enfermedades anteriores son el motivo de la promoción de la Educación Alimentaria, que compete a la escuela y a  la familia, en esta última  es donde los niños adquieren los primeros patrones alimentarios.

Por esta razón resulta necesario y urgente que llevemos una estrategia sobre Educación Alimentaria sana en estudiantes preferentemente de los niveles preescolar, primaria y secundaria, para que sean capaces de valorar la relación que existe entre una alimentación correcta con una vida saludable, pues para llegar a esta conclusión tuvieron que aumentar sus conocimientos acerca del aporte nutricional de los diferentes alimentos e hicieron hincapié en la importancia de los vegetales y su aporte nutricional.

La incidencia de la diabetes aumentó 30 por ciento entre 2006 y 2012; la diabetes fue la principal causa de muerte en México en 2012, y hay más de 13 millones personas diabéticas, aunque sólo la mitad están diagnosticadas y en tratamiento.

[8]La dependencia de importaciones de granos y oleaginosas rebasa el 40 por ciento, y el consumo de productos locales, propicios para la genética y buena nutrición del mexicano, va en descenso (por ejemplo, en 1980 el consumo per cápita de frijol era de 18 kilos anuales y aportaba el 12 por ciento de la energía de la población mexicana y el 11 por ciento de las proteínas; hoy día cada persona consume al año sólo diez kilos de la leguminosa y obtiene de ella menos de siete por ciento de su energía y seis de proteínas).

México es líder en el consumo per cápita de refrescos en México, que llega a 163 litros al año, arriba de los 113 litros del otrora puntero, Estados Unidos. Ello tiene que ver con la presentación de estas bebidas (hasta principios de los 80’s los refrescos se expendían en botellas de vidrio reutilizables y la de mayor capacidad era de 769 mililitros, misma que se usaba para consumo familiar ocasional). Ahora son más accesibles: vienen en envases desechables de PET (polietileno tereftalato) con 600 mililitros, un litro, litro y medio, dos o hasta tres litros.

[9]El alto consumo de refrescos se debe también a la publicidad engañosa. Por ejemplo, ante señalamientos críticos de que los refrescos son una de las principales causas de la obesidad, la industria refresquera publicó un desplegado donde dice que la aportación calórica de estas bebidas representa sólo 5.2 por ciento de la dieta promedio del mexicano. Lo que no dicen es que este nivel de consumo rebasa por sí solo el admisible de aportación de azúcares simples en una dieta saludable. En todo caso habría que advertir enfáticamente que el consumo de refresco implica que no debiera consumirse ningún otro alimento que contuviera azúcar añadida. Información del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) indica que la ingesta de refrescos está relacionada con 30 por ciento de la carga de enfermedad de los mexicanos. También, de acuerdo con el INSP, en 2006 se vio que 12 por ciento de la energía total de los preescolares proviene de refrescos; principalmente de cola.

Por ello la importancia prevalente del retorno a la alimentación saludable y nutritiva, ya que sólo a través de eso podrá darse en la medida que se cambie el paradigma, que se reconstruya el sistema alimentario a partir de políticas públicas que impulsen la producción local, con subsidios, con mecanismos de protección; que promuevan el consumo de frijol, maíz, quelites, de frutas y verduras. Y todo esto lo debe hacer definitivamente el Estado en sus tres niveles de gobierno, y puede iniciar con la inclusión de una cultura de educación alimentaria sana y nutricional en la Ley General de Educación, ya que a parte de los fines establecidos en el artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, también en dicha ley secundaria deben establecer los consecuenciales propósitos del Estado en materia alimentaria y de nutrición.

[10]Sin que pase por alto que, la conducta alimentaria está permeada por complejos procesos de cambio, transformaciones socioeconómicas y determinantes de salud, donde el ser humano es protagonista del consumo. El acto de comer conlleva decisiones instintivas e instantáneas resultado de la historia personal desde el nacimiento y la realidad en que se vive expuesta a estímulos permanentes del ambiente.

Comer para saciar el hambre en el nivel más básico de “comer para vivir” implica necesariamente consumo. Más allá de las calorías, el alimento sacia necesidades secundarias y socialmente emergentes como el respeto, la identidad y el reconocimiento.

La alimentación es un proceso voluntario natural para mantener la salud y la vida. Pero ha dejado de ser una elección sólo personal, en el mercado se dictan las reglas del comer y a la larga se vuelven cultura de consumo.

[11]El alimento antes de llegar al estómago debe pasar por la mente, la persona consume lo que su mente registra como conocido. La publicidad impacta la mente para crear una fábrica de deseos y buscar satisfactores inmediatos por medio de la compra de un alimento como una representación simbólica de acceso a otra realidad. Se colocan en competencia los alimentos industrializados contra maíz, frijol, hortalizas y semillas, cada vez menos disponibles y nunca publicitados. Los alimentos sanos deben volver a la mente de las y los mexicanos, recuperar alimentos del campo y el mar, rescatar los paladares desde el nacimiento y satisfacer necesidades básicas de bienestar para disfrutar el placer del bien comer con el orgullo de la cultura gastronómica nacional.

Ante la situación de mala alimentación en México son inútiles las campañas de “Aliméntate sanamente” o “Come frutas y verduras” mientras no haya una política alimentaria y nutricional para garantizar, desde el Estado, el derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad a toda la población. Desde una visión de política pública, los individuos son ciudadanos, no consumidores.

JUSTIFICACIÓN DE LA INICIATIVA

La Educación Alimentaria es responsabilidad efectivamente del Estado, pero existen otros actores que pueden mediar positivamente la ingesta de alimentos sanos y nutritivos, estos son la familia y la escuela.

La familia juega un papel decisivo en la educación de los más pequeños de la casa para que adquieran adecuados  hábitos alimentarios, pues es a través de la interacción con los adultos que los niños adquieren determinadas actitudes, preferencias, costumbres y hábitos alimentarios que están fuertemente influenciados por las prácticas alimentarias que realiza la familia. Para una adecuada nutrición infantil la base está en el mensaje que el niño recibe en la casa, lo que come en el hogar, el ejemplo que  den los padres al respecto, pues en la etapa infantil se aprende por imitación. Es necesario que los padres delante del niño no hagan rechazo a alimentos de alto valor nutricional, ni por el contrario den tanta importancia a aquellos alimentos que poseen un bajo valor nutricional.

[12]Los padres deben ser capaces de estimular a los niños para que participen de la planificación, selección, compra, conservación y preparación de alimentos sanos y nutritivos. Estas actividades se deben ajustar a la edad y desarrollo del niño. Por lo general estas actividades la realizan los adultos, sin darle participación a los niños, sin embargo se ha comprobado que dándole participación a los más pequeños se sienten más a gusto e importantes, pues se les tiene en cuenta en el núcleo familiar. Es fundamental rescatar y promover la costumbre de comer en familia, pues  de esta  forma se puede influir positivamente  sobre los hábitos alimentarios en  los miembros más jóvenes que integran el hogar.

Esta práctica permite informar a los más pequeños sobre la importancia de consumir una alimentación balanceada y cómo obtenerla a través del consumo de alimentos que aportan los nutrientes que el organismo requiere. Además permite orientar el comportamiento de los niños y jóvenes en la mesa, sus actitudes, modales, así como el uso adecuado de los cubiertos. “Los hábitos alimentarios son el resultado de múltiples influencias personales, culturales, sociales y psicológicas.”

[13]La alimentación es uno de los problemas fundamentales que presenta el mundo contemporáneo donde reina el hambre y la extrema pobreza que son los causantes de la inseguridad alimentaria y nutricional. El proceso de Globalización que impone un nuevo modelo de alimentación mediante las multinacionales que promocionan la comida rápida.

El mal uso de los alimentos disponibles y la toma de decisiones incorrectas sobre el consumo de los mismos están propiciando factores socioculturales que traen consigo hábitos alimentarios inadecuados y una serie de enfermedades. Tenemos una serie de hábitos alimentarios que forman parte de nuestra historia, de nuestras tradiciones, de nuestra cultura y por ende están muy arraigados. Muchas de estas costumbres están distanciadas de lo que se considera  una dieta sana, incapaz de garantizar una mejor calidad de vida. Esto no significa que debamos abandonar nuestras raíces pues forman parte de nuestra identidad como mexicanos, pero  se debe mantener un equilibrio entre lo autóctono y lo que es bueno para la salud. Es por ello que juega un papel importante la Educación Alimentaria sana y nutricional  la cual es responsabilidad tanto del gobierno, las familias mexicanas en colaboración con las instituciones educativas del país, preferentemente en niveles preescolar, primaria y secundaria.

En ese sentido las instituciones educativas también poseen un rol importante en la Educación Alimentaria sana con el objetivo de mejorar la conducta alimentaria, para elevar la calidad de vida de las niñas, niños y adolescentes.

[14]La educación de una alimentación sana y nutritiva, entendida como la combinación de experiencias de aprendizaje diseñadas para facilitar la adopción voluntaria de conductas alimentarias y otras conductas relacionadas con la nutrición que conduzcan a la salud y el bienestar, ha sido reconocida como uno de los elementos esenciales para contribuir a la prevención y control de los problemas relacionados con la alimentación en el mundo.

Frente a la diversidad de factores ambientales que afectan la calidad de la alimentación, se considera que la educación de alimentos que son sanos y nutritivos en las escuelas tanto públicas como privadas representa una manera eficiente de alcanzar a un amplio sector de la población, que incluye no sólo a los niños y jóvenes, sino también a sus maestros, sus familias y la comunidad de la que forman parte.

Los niños en edad escolar constituyen uno de los grupos prioritarios que deben recibir una educación alimentaria en nutrición; es particularmente importante impartir esta formación de forma efectiva porque: una nutrición apropiada es fundamental para el desarrollo físico y mental de niños y adolescentes; los escolares son consumidores actuales y futuros que necesitan información y educación específicas para adquirir patrones alimentarios saludables y perdurables; como futuros padres, los escolares jugarán un importante papel en el desarrollo de sus descendientes; como miembros de la unidad familiar, los escolares constituyen un importante vínculo entre la escuela y el hogar, así como con la comunidad.

El propósito de la impartir en las instituciones educativas una materia o asignatura denominada “Educación Alimentaria Sana y Nutricional” es lograr que los niños adquieran una capacidad crítica para elegir una alimentación saludable en un mundo que cambia rápidamente y en el cual se observa una continua diversificación de los alimentos procesados y una pérdida de los estilos de alimentación familiar. Inclusive se estima que los enfoques basados en los alimentos, que reflejan los cambios del contexto sociocultural en que viven los escolares, tienen mejores posibilidades de ayudar a éstos y a otros niños y adultos. Al desarrollar en los escolares hábitos de alimentación saludables, se contribuye a su desarrollo físico, mental y social y a la prevención de las enfermedades relacionadas con la dieta.

El apoyo de los niveles de decisión; la implementación de iniciativas para capacitar a los profesores mediante programas sistemáticos, con suficiente cobertura y continuidad; la inclusión de contenidos de cultura y educación para consumir alimentos sanos y nutritivos en los programas de los niveles preescolar, primaria y secundaria, con asignación de suficiente tiempo y un enfoque orientado a lograr cambios de conducta más que a sólo aumentar los conocimientos, constituyen hoy, más que nunca, una necesidad para enfrentar los problemas nutricionales y prevenir las enfermedades crónicas relacionadas con la dieta. Para lograr este objetivo, la educación sobre ese particular en las instituciones educativas  representa la mejor estrategia.

La infancia y adolescencia son las etapas en las que se establecen los hábitos alimentarios, que después nos acompañaran el resto de nuestra vida, determinando así nuestro estado nutricional y salud. Por ello, es importante cualquier esfuerzo encaminado a instaurar y/o mejorar los hábitos de alimentación durante esta etapa de la vida. La formación de los hábitos alimentarios en la infancia empieza en la familia, con las costumbres y tradiciones del entorno familiar. Esta formación, junto con la impartida en las instituciones educativas, son las principales responsables de la instauración de unos hábitos de alimentación adecuados. Las acciones educativas en materia de alimentación y nutrición, son herramientas y mecanismos valiosos para la configuración de hábitos alimentarios saludables en la edad escolar, en las que pueden incorporarse con menor dificultad conductas positivas, que promuevan la salud de los niños y niñas contribuyendo así, a disminuir el riesgo de patologías prevalentes en la edad adulta.

El ámbito escolar se presenta como lugar prioritario e idóneo para fomentar conocimientos y facilitar habilidades en alimentación, nutrición y actividad física, que responsabilicen a los chicos y chicas para ejercer un mayor control sobre su salud. La escuela desempeña dos papeles principales en relación con la adquisición de hábitos alimentarios correctos, enseñanza teórica y práctica que se patentiza a través de una cultura de educación en nutrición dentro de la escuela, es decir; el colegio constituye un espacio ideal para dar a conocer al niño las bases de una alimentación saludable.

Son numerosos los estudios que avalan la conveniencia de este tipo de intervenciones educativas y de promoción de la salud en la escuela, pero sobre todo benéfico sería la impartición de dicha asignatura por conducto de especialistas de la materia, en los que se refiera aumento en el consumo de alimentos vegetales como frutas y hortalizas, la reducción de grasa saturada y total en la dieta diaria, aumento de la actividad física e incluso disminución de la obesidad y sobrepeso. Asimismo, los planes, programas, estrategias y materias, inciden en la necesidad de facilitar el acceso a alimentos saludables y a la actividad física diaria, mantener las intervenciones a largo plazo, contar con los alumnos a la hora de planificar y proponer acciones, involucrar a las autoridades educativas y sanitarias, y a la familia y comunidad, contar con grupos dinamizadores en el propio centro y evaluar los programas. Existe, por tanto, la necesidad de desarrollar en los colegios, escuelas, centros de estudio y toda institución educativa, programas y planes de estudio en donde se incluya tan importante asignatura sobre alimentación, nutrición y salud, adaptados a los diferentes niveles, que expuestos de forma atractiva para los niños y adolescentes, mejoren los conocimientos y las actitudes frente a la alimentación.

Por lo antes expuesto y fundado, someto a la consideración de esta Honorable Asamblea, Iniciativa con:

PROYECTO DE DECRETO

ARTÍCULO ÚNICO. Se reforma el artículo 7 fracción IX de la Ley General de Educación, para quedar como sigue:

Artículo 7.-

I…

 

...

IX.- Implementar una educación alimentaria sana y nutricional en las escuelas públicas y privadas de los niveles preescolar, primaria y secundaria, a través de la inclusión de dicha asignatura en los planes de estudio, por conducto de la Secretaría de Educación Pública, estimulando la educación física y la práctica del deporte.

ÚNICO. El presente decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.

Dado en el Senado de la República el día 07 de marzo del año dos mil trece.

ATENTAMENTE

LISBETH HERNÁNDEZ LECONA
ANGÉLICA DEL ROSARIO ARAUJO LARA

MARGARITA FLORES SÁNCHEZ
JUANA LETICIA HERRERA ALE

 MA. DEL ROCÍO PINEDA GOCHI
MELY ROMERO CELIS


[1] Foro Nacional para la Construcción de la Política Alimentaria y Nutricional (Fonan)

[2] IBHÍDEM

[3] Según cálculos realizados por la Unidad de Análisis Económico de la Secretaría de Salud.

[4] Según datos de la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2012).

[5] Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto de Salud Pública, Juan Rivera Dommarco, y Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor.

[6] (según la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, 2012)

[7]  Vicent Garcés, Ingeniero Agrónomo, Universidad Politécnica de Valencia. Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI-España

[8] IBÍDHEM.

[9] La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (Ensanut 2012)

[10] Julieta Ponce  Fonan

[11] IBHÍDEM.

[12] IDEM.

[13] Barrial Martínez, A.; Barrial Martínez, A: "La educación alimentaria y nutricional desde una dimensión sociocultural como contribución a la seguridad alimentaria y nutricional", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2011, www.eumed.net/rev/cccss/16/

[14] (FAO/OMS, 1992; FAO, 1995; Contento et al., 1995).

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