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Efemérides



De los Senadores Laura Angélica Rojas Hernández y Alejandro Encinas Rodríguez, en conmemoración del 70 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.


EFEMÉRIDE

De los Senadores Laura Angélica Rojas Hernández y Alejandro Encinas Rodríguez, sobre la conmemoración del 70 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki

EFEMÉRIDE SOBRE LA CONMEMORACIÓN DEL 70 ANIVERSARIO DEL LANZAMIENTO DE LAS BOMBAS ATÓMICAS DE HIROSHIMA Y NAGASAKI

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, el 6 de agosto de 1945, en Japón, la bomba atómica llamada “Little Boy” fue detonada por el bombardero “Enola Gay” en la región de Chugoku, prefectura de Hiroshima, causando la muerte de 160,000 personas aproximadamente. La explosión de dicho artefacto generó una ola de fuego de más de 300,000 grados Celsius y 28 metros de diámetro, cuya onda expansiva alcanzó la velocidad de 800 kilómetros por hora, destruyendo todo lo que estaba a su paso en un radio de 16 kilómetros cuadrados. Tres días después, el 9 de agosto, la detonación de la bomba “Fat Boy” ocasionó la muerte a más de 80,000 personas en la isla de Kyushu, prefectura de Nagasaki.

La radiación producida por el uranio utilizado para la construcción de las bombas continuó aumentando la cifra letal de muertos con el paso del tiempo. Existen estimaciones que sitúan la cifra de damnificados entre 300,000 y 400,000 víctimas fatales. Además, las variaciones anatómicas y biológicas afectaron por décadas a la población de estas y otras prefecturas japonesas.

En 1954, se construyó el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, cerca del lugar de la detonación en donde año con año, en punto de las 8:15 de la mañana del 6 de agosto, se conmemora a las víctimas caídas por la detonación. En esta ocasión, el Primer Ministro Shinzo Abe será el anfitrión de la ceremonia.

Estos lamentables eventos recuerdan a la humanidad la única vez en que las armas nucleares han sido utilizadas contra objetivos civiles.  Sin duda, son una muestra de su fatal poder destructivo, de la forma en que evocan uno de los mayores peligros para la humanidad y la existencia del ser humano.

Eventos como este nos recuerdan que tenemos aún una gran tarea pendiente con el futuro de la humanidad: el desarme y la no proliferación nuclear. En varias ocasiones, quienes estamos convencidos de su gran peligro y de sus nocivas implicaciones humanitarias, recalcamos que la supervivencia de la humanidad no puede descansar precisamente bajo la premisa de su propia destrucción.

A pesar de que los arsenales nucleares se han reducido significativamente en comparación con los que existían en el contexto de la Guerra Fría, hay varios factores que explican un nuevo protagonismo de los temas de desarme y no proliferación en la agenda multilateral. En primer lugar, aún existen más de 17 mil armas nucleares, 2 mil de ellas listas para ser detonadas, lo cual resulta a todas luces injustificable. En segundo lugar, la posesión de armas nucleares se ha democratizado y hoy más Estados cuentan con ellas para demérito del régimen de no proliferación establecido por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). En tercer lugar, un grupo creciente de países continúa modernizando o incrementando su arsenal al tiempo que las mantienen en el centro de sus estrategias y doctrinas militares. A lo anterior se suman dos factores adicionales. Por un lado, varios países que no son poseedores albergan armas nucleares de otros en sus territorios y, por el otro, existe importante evidencia que apunta al interés de grupos no estatales de obtenerlas y usarlas en su beneficio. Las zonas libres de armas nucleares, si bien se han multiplicado, no han alcanzado zonas geográficas donde el riesgo potencial es considerablemente mayor y los ensayos nucleares en el mundo –más de dos mil desde la Segunda Guerra Mundial- dan cuenta de un hecho incontestable: la naturaleza clara y persistente de la amenaza puesto que mientras existan y sigan produciéndose siempre habrá quien busque adquirirlas y siempre habrá el riesgo de una detonación accidental o intencional. Por tanto, para México, la única garantía contra el uso o la amenaza del uso de las armas nucleares es su eliminación. 

Desde una perspectiva multilateral, no podemos permitir que transcurran cincuenta años sin hacer realidad la premisa bajo la cual se negoció el TNP. Los avances en el cumplimiento de este objetivo será la mejor herencia que pudiéramos brindar a las generaciones futuras y una forma de honrar a las víctimas que hace casi setenta años, en Hiroshima y Nagasaki, sufrieron los embates de uno de los capítulos más atroces en la historia de la humanidad.

Para México esto es especialmente claro dada su gran vocación pacifista y su papel como impulsor histórico del desarme alrededor del mundo. Comenzó en su propia región, promoviendo la consolidación del Tratado de Tlatelolco que abrió camino a la primera zona libre de armas nucleares de todo el planeta: América Latina. Detrás de ella, siguieron otras más como el continente africano, el antártico o Asia Central. Sin duda, una de las mejores herencias mexicanas al multilateralismo.

Tal y como lo dijo el Secretario General Ban Ki-moon en la conmemoración de esta misma efeméride en 2010, debemos cumplir con nuestro sueño de tener un mundo libre de armas nucleares para que la niñez y las generaciones venideras puedan vivir en un mundo libre, pacífico y seguro.

Evidentemente hay mucho por hacer, y un espacio de acción de gran importancia es el terreno legislativo. Un ejemplo de ello es la resolución, adoptada por consenso, durante la 130 Asamblea de la Unión Interparlamentaria en marzo de 2014 sobre la contribución de los Parlamentos a un mundo libre de armas nucleares.

Nos corresponde a todos los parlamentarios del mundo promover, a través de esta resolución, la creación de alianzas legislativas para la divulgación y el cabildeo a favor del desarme nuclear y la no proliferación, la universalización del TNP y el llamado a los Parlamentos para que promuevan la ratificación de este y otros Tratados relevantes en la materia como el de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Pero, igualmente importante, nos corresponde insistir en un argumento central: la existencia, posesión, uso o amenaza del uso de las armas nucleares son acciones contrarias a la Carta de la ONU –como lo señaló la primera resolución de la Asamblea General-, al Derecho Internacional y al Derecho Internacional Humanitario.

El clamor por un desarme nuclear, completo, transparente, irreversible y verificable es cada vez mayor, especialmente luego de la conclusión de las negociaciones nucleares entre el G5+1 y la República Isámica de Irán, y la multiplicación de llamados en este sentido, así como la convocatoria para, con base en estos imperativos éticos, negociar un instrumento universal jurídicamente vinculante para la prohibición de las armas nucleares.

Salón de Sesiones de la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión, a 5 de agosto de 2015

LAURA ANGÉLICA ROJAS HERNÁNDEZ             

ALEJANDRO ENCINAS RODRÍGUEZ